Saturday, 10 December 2016

9.5

La llamada a la oración,  el Adhan, despierta a Alia. Se cepilla con cuidado el cabello enmarañado y desenreda las pesadillas que encuentra entre los nudos. Se lava rápidamente con cubo de agua fría y se cubre con su niqab negro, preparada para rezar antes de que el sol alumbre el desierto. Al inclinarse se siente enferma, pero no debe interrumpir el rezo, no debe romper el tiempo sagrado. Vomita sobre la alfombra y llora. Limpia la casa con la rama de un árbol. No tiene apenas agua, y la que hay la reserva para cuando su marido vuelva de la frontera. Bebe los restos de la leche de camella que no se tomó en la cena, las náuseas le obligan a beber a pequeños sorbos. Se coloca el bidón de plástico sobre la cabeza y emprende su camino hacia la carretera que conduce a la capital, donde pasan los grandes jeeps del gobierno y las ONGs. Por el camino se encuentra con otras mujeres y acelera el paso para unirse a ellas. Son de otro clan, pero les une la sed. Les une el género. Les une el desierto. Son los hombres los que pelean. A medio camino Alia se sienta sobre una roca, mareada. Algunas mujeres la observan luchar contra las náuseas. Una de ellas le pone la mano en el vientre.

-Un bebé puede ser tan malo como la malaria -dice una de ellas- pero en vez de matarte, te convierte en madre. 

Después de llenar de bendiciones a la niña, las mujeres siguen su camino. Alia decide desviarse e ir hacia uno de los campos de refugiados, donde a veces llegan voluntarios con agua. Sin embargo antes de llegar encuentra un charco donde un par de críos chapotean. La temporada de lluvias forma pequeñas lagunas durante la noche que se evaporan rápidamente durante el día. Se apresura a llenar su bidón de agua mientras los niños la salpican. Les envidia. Ella jamás pudo jugar en los charcos, mientras los niños correteaban por el desierto las niñas ayudaban en las tareas domésticas.   

Alia tiene doce años. Lleva 20 kilos de agua sucia sobre su cabeza. Lleva una vida en su vientre. El estómago plagado de monstruos y náuseas. Y el corazón contento porque ha conseguido agua. No hay mayor alegría, no hay mayor éxito. 

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Comparto la historia de Alia mientras bebo agua mineral, fresca, para aliviar las náuseas. Estoy sentada en la cama, con el portátil reposando sobre el vientre donde me crece una vida, como a Alia. El agua es cotidiana, abro el grifo y sale limpia, cada vez que quiero. 
También se me enredan pesadillas en la trenza, pero se me olvidan después de la ducha. 
Y recuerdo todas las veces que de niña salté sobre los charcos. Me bañé en los lagos. Jugué en los ríos. 
Con doce años tuve un novio que me regalaba anillos de plástico. Y para mí eso era el amor. Juré que nunca me casaría y que sería exploradora. Mi madre cargaba la mochila a la salida del colegio cuando pesaba demasiado, mientras yo engullía el sándwich de queso que me había preparado como merienda. 

Lloraba desconsoladamente cuando me obligaban a recoger la habitación.

O me obligaban a comer alubias. 


Friday, 9 December 2016

9

Mezclo los huevos y el azúcar, mientras los recuerdos de mis 15 años me entorpecen el pulso. Las meriendas con amigas de la infancia me invitan a la traición. Me dejan un regusto dulce en la boca del "si" mágico, de la posibilidad del todo, de las medias rotas y el volver a la minifalda. Aún no es tarde. Aún no es tarde.

La nostalgia tiene los mismos síntomas que un catarro mal curado. No me deja respirar. Me empaña los ojos. Acaba en un pañuelo arrugado.

Me siento frente a la chimenea después de trabajar. Después de ocho horas pensando la guerra. La comida casera me sabe a estar enferma. Me siento enferma. Pero no lo estoy, sólo estoy resquebrajándome, la vida me está anclando sus raíces en el vientre y duele.

Pienso en Alia, en la guerra que se llevó su infancia y la convirtió en esposa cuando tenía 12 años. Su marido luchaba en la frontera, en el desierto. Ella buscaba agua, incansable, con un bidón de aceite vacío sobre su cabeza. A veces los coches de los contrabandistas paraban a su lado y le daban un poco. Algunos días volvía a casa seca. Cuando supo que estaba embarazada sonrió.

Yo la miré espantada, yo miré espantada al doctor.

Ella dijo: espero que no sea una niña.

Y todos rezamos porque así fuera.

El desierto mutila a las niñas.






Sunday, 4 December 2016

Por las noches N me describe una Kenia completamente nueva para mí: la Kenia de la población india. Me habla de magia, de oro, de bordados, del olor a canela, de los ritos, de los miedos. He vivido el último año una vida extraordinaria, mi cocina huele a curry y a jengibre, mis muñecas están cubiertas por decenas de pulseras llenas de colores, he aprendido que el alimento es magia, y que la vida está llena de matices que antes ignoraba.

La madre de N dice que si como naranjas el bebé será precioso. Me prepara infusiones de menta y especias que alivian el estómago y los sueños tristes, borda para mí vestidos de telas preciosas, me enseña a hacer mantequilla, dulces indios, comidas para ser feliz. Me cuenta historias que me hacen volver a la infancia y abrir los ojos como si tratara de abarcar esa nueva realidad de golpe. Todos los días, al ponerse el sol, cierra la puerta de la casa y se cubre el cabello. Antes de rezar nos dice: no salgáis ahora, los Jinn (seres invisibles que viven entre nosotros y que entienden el idioma de los ángeles) están rondando en busca de información. Y entonces los niños se quedan muy quietos y las mujeres rezan, y los hombres rezan, y los gatos se acurrucan en los rincones, y los perros no ladran. Después del rezo el miedo pasa y todos vuelven a la alegría y al ruido. 

También nos aconseja que nos mantengamos alejados de los lagos.

-Te voy a contar una historia -dice justo cuando termina la cena- yo tenía una amiga llamada Ruksana. Era India, musulmana, estaba bien casada con un punjabi. Él era un hombre rico pero su dinero venía de algo sucio, muy sucio, ya sabes, cosas que no están bien. Drogas, no sé. Cosas malas. Tenían dos hijos. Ella me llamaba a veces y me decía que sentía que tenía que irse, que debía abandonar al marido, que algo malo iba a suceder. Era una mujer muy espiritual, practicaba la medicina tradicional y yo le llevaba a mis niños cuando se ponían malos. Un día se fue con su familia a Naivasha, de picnic en la orilla del lago. Ese lago está maldito. Todos los lagos de este país están malditos; es una lástima, tan hermosos y tan crueles. Como iba diciendo, fueron a pasar un día en familia, pero cuando empezaron a comer, Ruksana vio como un hombre surgía del agua, cubierto de algas, y caminaba hacia ellos señalándoles. El marido no vio nada, pero ella insistió en que debían irse y huyeron de vuelta a Nairobi. Aquella misma noche les sucedió una terrible desgracia y tuvieron que dejar a los niños y abandonar el país. 

-¿Qué desgracia? -pregunté.

-No hablamos de ello -contestó.

Aisha, la hermana de N, asentía.

-Cuando cumplí nueve años decidí celebrarlo con amigos en Nakuru - Aisha rompió el silencio en voz baja, como contando un secreto. Empezó a llover con fuerza y la madre se levantó a cerrar las ventanas. Llovía como llueve en el Ecuador; como si el cielo se hubiera desbordado de tragedias.

-Habíamos quedado en un pantano con otras familias de la India. Aquella mañana mi madre mencionó que sentía que no debíamos ir. Sin embargo cancelar un evento así era impensable; cada familia había preparado algo de comer y mi padre insistió en que todos los niños se decepcionarían. Durante el corto camino en coche se pinchó una rueda. Mi madre, mal humor,  murmuraba una y otra vez que una mala sensación le estaba mordiendo el estómago. Kilómetros más adelante un árbol se había partido y había bloqueado el camino. Entre todos logramos apartarlo, mientras mi madre permanecía sentada en el asiento del copiloto aterrada de miedo. Una vez llegamos se relajó, empezó a hablar con el resto de los padres mientras preparaban el picnic. Los niños decidimos irnos a explorar la zona. Uno de ellos, de cinco años, le pidió a su madre una lata de soda. Su madre le dijo que no, que podría beber el refresco después de jugar. Todos nos dispersamos. Cuando los adultos nos llamaron para ir a comer, me acerqué al lago a lavarme las manos y entonces lo vi: el cuerpo de un niño flotando boca abajo. Grité y los padres vinieron. El cuerpo fue arrastrado por una corriente y desapareció. La madre del niño gritaba: "¡Le negué un refresco y ahora está muerto! ¡Le dije que no y ahora está muerto!" Nadie pudo hacer nada. Jamás volví a celebrar mi cumpleaños. Los guardias pasaron días buscando el cuerpo sin éxito. 

-¿Jamás encontraron el cuerpo?- pregunté extrañada.

- Días después tuve un sueño -el padre de N, Arif, intervino por primera vez en la conversación. -Soñé con que el cuerpo aparecía entre unos juncos, al este. Llamé a la familia y a los guardias. Los guardias rieron; pero la familia se dirigió hacia el lugar de mi sueño inmediatamente. Encontraron al niño. 

La lluvia seguía desplomándose sobre la tierra.

-El agua -murmuraba la madre. -Los lagos están malditos, no vayáis a los lagos.

Todos miraban por la ventana.

Yo posé mi mano sobre mi vientre, que era agua, que era un lago en el que crecía una vida. Que era agua buena, agua en calma. 





Los días se aglutinan en el frío. En Urdú, hoy y mañana se nombran igual: kal. Un día que no es hoy. Kal. Un día que no existe. Kal. Una esperanza al tiempo. Me golpeo las rodillas contra la pared mientras duermo; cuando era niña era la vida quien me hería las piernas, ahora son los sueños. Es espantoso.

Me aterra que mi bebé crezca en el exilio. Mi vientre es hogar y náusea. Llevo dentro toda la luz del ecuador, rezos sufíes, leyendas en génesis. Alejandro Magno. La India. El olor del jazmín. Llevo dentro el mañana y el ayer. Kal. Dos corazones en un cuerpo. Dos universos en una palabra. Kal.




Sunday, 27 November 2016

La melancolía nos muerde siempre el estómago. Echamos de menos las cosas más simples. En Central Kenya es muy típico juntar rebanadas de pan de molde con mantequilla, hay gente que se hace torres de hasta ocho rebanadas. Se acompañan con té azucarado en tazas de plástico. Recuerdo el té de las 12, cuando Ndung'u y yo recorríamos los poblados bajo el sol, y llegábamos a algún puestecillo donde vendían soda y pan. Nos comíamos un paquete entero y seguíamos. Sabía a vida.
N me explica que cuando él era pequeño en Kenia no existía el pan de molde, cuando empezó a venderse en su ciudad fue toda una revolución. Las rebanadas de pan con soda son para él la salida del colegio, la adolescencia, la vida en la Kenia rural.
Cuando hablamos de recuerdos comemos pan.
Es entonces cuando la vida espesa y se hace lenta y dulce. Entonces la ternura. Entonces hablamos del lago y de las colinas de Ngong, de los remedios caseros, la miel, los dulces indios para celebrar los nacimientos, los dátiles que rompen el ayuno en Ramadán, los grandes animales observándonos desde lejos, los monos colándose en la cocina. Esa vida pequeña y extraordinaria.
Cuando termino el té el regusto amargo del último sorbo me revuelve los miedos.

-Hakuna shida, everything is gonna be alright- promete N- umesikia, ma'am? (¿entendido?) Me habla en swahili de poblado, para que la promesa de que todo estará bien cale hondo, hasta las raíces, hasta el bebé.

Saturday, 26 November 2016

Cada vez que pienso en ti, bebé, recuerdo el campo de refugiados de Dadaab, en el país del que vienes. Pasé una de las últimas tardes en la Unidad de Cuidados Intensivos pediátrica de un pequeño hospital, a veinte kilómetros de la frontera con Somalia. Hacía calor. En las camas yacían niños, algunos con sus jovencísimas mamás, otros solos. El suelo estaba manchado de orines. Las moscas nos sobrevolaban. Un enfermero me hablaba de datos, el analista de seguridad me metía prisa, debíamos cruzar el desierto antes de la puesta de sol o nos saltaríamos el toque de queda. 
Antes de irme vi a un niño esquelético, al que se le podían palpar los huesecillos. El enfermero dijo que iba a morir. Levanté la cámara para hacer una foto; en el momento en el que disparé el niño abrió los ojos y miró fijamente al objetivo. El analista insistía en que debíamos irnos. El niño me siguió con la mirada. No publiqué la foto. La miro y me arrepiento de no haberle cogido en brazos, de no haberle acariciado las manos. La miro y pienso en ti, bebé, que estás seguro y creces tranquilo. Pienso en la tristeza de su madre. Pienso en mi suerte. 

Friday, 25 November 2016

Sueño con paisajes raros llenos de barro. Sueño con miles de caballos desbocados huyendo de mí. Suenan como el corazón de la vida que me crece dentro, que no me pertenece, que no conozco.
Hace unos meses me pegaron un tiro. Guardo la bala deformada en la caja de madera donde colocaba los dientes de leche de pequeña. Al día siguiente N mandó matar un cordero, como ofrenda a su Dios. Como pago por mi vida. Sangre por sangre. El viejo mito de Abraham. Ibrahim. No me lo dijo, porque sabe que soy vegetariana, pero las mujeres hablan. Los indios no guardan secretos; los adornan, los muestran coloridos, los exponen al sol para que se sequen y se olviden.  

Eso hago yo con mis recuerdos.

Me vacío para dejarle espacio a la vida.



Friday, 18 November 2016

La sangre se me ha plagado de universos, de idiomas, de exilio, de nauseas. Me pregunto si a Dios le dolió tanto crear vida, el génesis, el sí. Me pregunto si es por eso que andamos melancólicos por el mundo, porque el principio no fue el verbo, el principio fue un temblor, un daño en el vientre.

La sangre de mi hijo está llena de desiertos, de hambre, de guerras, de estrellas, de niñas que se casan a los diez años, de niños que se van a la guerra a los doce, de cebras, de océanos manchados de flores, de especias, de muertos. La sangre de mi hijo es sangre vieja. La sangre de mi hijo es revolucionaria. Orgullosa. Valiente.

Mi hijo está tan lleno de vida que se bebe mi aliento. Y yo se lo doy, deseando ser dios, deseando no ser esta carne rota, deseando ser consuelo o nana u hogar. Deseando ser bonita. Deseando ser tierra buena.






Tuesday, 1 November 2016

Martes

No sé cómo expresarme aún -aquí- porque no acabo de encontrar un centro desde el que conversar. Trato de mantener cierta coherencia en esta tierra de viento, en la que olvido los cinco rezos, las cinco lenguas.

Pienso mis melancolías como se piensa a los muertos: con la cabeza helada y el estómago revuelto. A veces extiendo la alfombra de rezos de mi marido en medio de la habitación y me arrodillo en ella. Me recuerda a la alfombra mágica de las leyendas árabes. La suya no puede volar, pero le ayuda a hablar con Allah. Conmigo no funciona. He debido olvidar las palabras mágicas. He debido olvidar cómo pronunciar la súplica.

El Otoño no nos está siendo amable. En nuestro mundo no existe el caer de las hojas. Sólo el verano permanente. A veces la lluvia. Aquí en el norte nos volvemos conscientes de la raza, de la piel, de mi trenza rubia, de sus manos oscuras. Olvidamos a veces que el frío nos daña lo mismo.

Olvidamos que somos refugiados.

Anoche antes de dormir le dije: Nuestra historia es extraordinaria.

Soñé con Kenia. Soñé que habíamos vuelto.

Friday, 28 October 2016

Viernes



En Kenia las jacarandas ya están en flor, poniéndolo todo perdido de morado. Aquí, miles de kilómetros al norte, todo es mucho más decepcionante, más comedido. Escribo compulsivamente sobre tratados de paz, escribo compulsivamente la guerra, listas de la compra, y caritas sonrientes o tristes en los márgenes de la vida.

Cada vez que establezco una conversación con otro inmigrante le pregunto que si es feliz aquí, deseando que diga que sí, que diga la palabra casa, que me de una razón. La semana pasada una familia de inmigrantes de Pakistán nos enseñaba las pústulas en la piel de su niña de cinco años. La sentaron sobre la encimera de la cocina de un concurrido restaurante indio que regentaban. Al nuestro lado unos trozos de carne de pollo hacían chup-chup en una salsa que parecía curry. El asco me salvó, como siempre, devolviéndome a la realidad. Mi vida se basa en el amor y en la guerra, conceptos abstractos a los que no me puedo agarrar cuando me pierdo.

Me siento inútil en lo fácil, como en querer a gente, ca(n)sarme, tener hijos, dar un paseo por el parque o ver la tele sin asustarme. Esta tierra está llena de gente que contabiliza ganancias, vacaciones, joyas, vestidos, recetas, amigos. Yo contabilizo despedidas.

Y melancolías, que son como animalitos de garras afiladas que se alimentan de todo lo dulce que tengo dentro, dejándome vacía.

N dice que me agarre a los sueños.

Yo le digo que los sueños son la basura del cerebro.

N dice: "I know it's scary, habibti, but that's why we work hard; we say alhamdulillah for all what we got and we pray."

Yo le digo : Love-is-a-wound-in-the-world. Y nos estamos coagulando, joder. 

:) :) :) :) :) 








Monday, 3 October 2016

1. España y su otoño exhibiéndose caduco, finito, como esta felicidad que nos huye. Estamos tan lejos, sin embargo, del fin del mundo. Los adolescentes se matan en los videojuegos, gritan, gimen, insultan. Nosotros bajamos la mirada y removemos el té de las cinco. Nos hemos prohibido la muerte, el desierto, los hospitales. Paseamos con los perros; los viejos del parque hablan de bombas, huracanes, terremotos. Nosotros hablamos de Dios, de la ternura del instinto, del zumbido de las moscas que anuncian que el calor aún, todavía.

2. He perdido la cuenta de los países
                                                 nombres
                                                 rotos
                                                              que hice míos y luego perdí.

Quizá eso tenga que ver con la libertad.

3. Buscar supervivientes en el transporte público
es incluso más difícil que en la guerra.
En el Metro de Madrid los muertos no sangran.
Cómo distinguir un cuerpo vivo, dime, cómo.
Cómo Dios pudo ver que esto era bueno.
Cómo hemos aprendido a no tropezar en las escaleras mecánicas
antes que a llorar sin sentir vergüenza.                                              


Sunday, 21 August 2016

El amor reside en los gestos cotidianos, en ser cobijo, en el hábito raro de cuidar despacio, despacio. Consiste en vestir a quien desvistes del mismo modo; con la intensidad de la emboscada.

El amor fermenta la leche fresca que bebemos a morro. Convierte las fábulas de guerra en cuentos de héroes sedientos que se beben mi aliento, y me impiden narrar la muerte. No más muerte, por favor, ahora leche tibia, ahora el pan recién hecho sobre la mesa. 

El amor convierte la pérdida en recuerdos de vida. La madre cocina en silencio pasteles en el aniversario de la pérdida de su bebé. No dice nada. En la cena todos mastican amor y melancolía, por lo que pudo ser. Celebran los muertos que les viven por dentro. 

El padre viajó desde Holanda a Pakistán en coche. Lo hizo por amor. Movido por esa necesidad, esa violencia que le señalaba el camino. Salió bien. Salió bien.

Salió bien. 

Wednesday, 10 August 2016

Cuando termine de escribir voy a cerrar dos maletas; una con ropa de invierno, otra llena de los restos de estos seis años. Quiero morirme escribiendo. Quiero morirme en el viaje, quiero morir emigrante. Los libros que he acumulado durante este tiempo están plagados de la palabra dolor, de la palabra lejos, de miedo. Mis ojos se han empañado de ese dolor, de esa lejanía, de ese miedo. Escribo para tomar conciencia de mi decisión: me voy, me estoy yendo. Anhelo permanecer, pero hace tiempo que como sin ganas, hace tiempo que vivo solo gracias a pequeñas fugas de alegría, hace tiempo que el olor antiséptico del hospital me ha hecho olvidar el placer de estar sucia.

Me voy, cruzo el continente por amor, cruzo el continente para salvar la vida, cruzo el continente para amar en condiciones de nuevo: rezando a todos los elementos químicos que forman la palabra vida, degradándolos, midiéndolos, sintiéndolos en la boca del estómago, en el vientre, en el pulso, 

Me voy porque el tiempo no tiene piedad, me voy porque el desaliento, me voy porque el estrépito de mi fracaso suena más fuerte que el estrépito de los estómagos de millones de hambrientos. 

El exilio seguirá siendo inmenso, Y yo seguiré siendo inútil. Me seguirán temblando las manos. Los soldados seguirán muriendo ahí fuera. Dios seguirá vivo en tu boca y te besaré para creer un rato. Cogeré millones de aviones más, pero no me volverán a romper el corazón. 

La vida mancha y no volverán a obligarme a la limpieza. Nadie volverá a oprimir mi tierra en nombre del amor. Escribo mi pérdida. Y en el punto y final cierro seis años. Mira, aquí se van seis años.

Mira: .





Saturday, 30 July 2016

La primera vez que monté en bici los frenos no funcionaron;
aprendí a caerme antes que a parar,
aprendí a sangrar antes que a parar.

La primera vez que amé hice lo que pude por salvar la vida,
no la mía,
no la suya,
la vida, la que se me iba gastando demasiado deprisa.
Mi corazón acabó chamuscado, como goma quemada,
pero me creció el pecho
y nadie lo notó.

La primera revelación del Corán es "Iqra"; lee.
La Biblia asegura que en el principio fue el verbo.
He visto en Youtube que durante la fecundación del óvulo se produce un estallido de luz;
la vida empieza así, luminosa, estallando.
El principio es la luz.
Eso es,
esta luz.


Saturday, 2 July 2016

La lengua árabe tiene más de sesenta palabras para decir "amor".
Saber eso es suficiente. 
¿Qué tierra te ha engendrado? 'alaqa, 'ishq, te quiero, sé mi hogar, déjame cobijarme en tu nombre.
¿Dónde está tu familia? hawa, huyam, walah, mis hijos nacerán de tu rezo, de tu ayuno, del castigo.

Nuestro Dios nos reprende por no saber esperar; te pregunto qué sentido tiene un dios que prohíbe mirar habiendo creado los ojos, que prohíbe tocar habiendo creado las manos, que prohíbe crear habiendo creado. Tú me tapas la boca, como acto de misericordia. El amor es colosal. El amor es repugnante. El amor es.

El amor que no entiendo. 


Sunday, 12 June 2016

Madrid. Por la ventana veo las golondrinas que van llegando de África, cansadas, como yo. Un señor grita en la calle que todo se va a la mierda y un joven grita: "¡Laura, te quiero!". Luego pasa una ambulancia y unos niños salen del colegio. El asfalto caliente huele a infancia, y los nardos que tengo sobre la mesa huelen a mi vida lejos, a mi hogar en el ecuador. Es Ramadán y el sol se pone tarde. Es Ramadán pero llevo minifalda; me niego a que la gloria de ningún Dios me condene.

No tengo tiempo más que para olvidar el daño, como los muertos o los santos. Así que me tambaleo entre las horas, recorriendo las calles tratando de recomponer la vida que tuve aquí; conozco mi idioma y sin embargo me exilio de él. Sin embargo me asusto en otra lengua y a veces pienso que soy tan sólo una chica fragmentada en acentos.

Pero llorar, ay, llorar se llora igual. Es sólo un dejarse ir.  Así que cuando me olvido de cómo se vive, lloro. Y entonces la falta de hogar ya no importa. Y entonces el exilio es sólo palabra. Porque el llanto me convierte en agua. Y el agua es fácil. El agua es.

Monday, 30 May 2016

La cena se sirve después de la penúltima oración del día; Maghrib. Es justo entonces cuando los ángeles suben al cielo para contarle a Allah nuestro día, y los Jinn (seres que forman parte de la creación de Allah y que fueron creados del fuego; “Hemos creado al hombre de arcilla, de barro maleable. Y al genio lo creamos antes de fuego") se pasean por nuestro mundo, haciendo de las suyas. A los niños les asusta pensar en los Jinn y es mi tema favorito en la mesa. 

Cada miembro de la familia tiene su propia experiencia con estos seres. Ayer, Ali, dejó de comer. Se lavó las manos, llenas de grasa por el pilau y el naan que la madre había preparado, y se aclaró la garganta con agua. Que Ali deje de comer es el signo que antecede a una historia maravillosa. 

- Yo una vez hablé con un Jinn -comenzó. -Fue en un viaje a Sri Lanka, en el desierto. Estaba paseando y me encontré con un señor que me invitó a compartir su comida. Después de comer, quise hacerme un selfie con él, era un tipo amable, quizá tenía Facebook, no sé. Quería ese selfie. Cuando miré la foto, sólo salía yo, sonriente, con el brazo rodeando a la nada que debía ser el cuerpo de un hombre. Me cogí un avión de vuelta a Pakistán ese mismo día. Sri Lanka es un país plagado de Jinns.

- ¿Aún guardas la foto?- Quise saber.

-No.

La normalidad, cálida y segura, a veces muta en momentos de confusión en los que mi tierra se parte en dos y me encuentro suspendida en un limbo donde debo recurrir al artificio para aparentar calma. A veces llegan huéspedes y P me pide que me cubra con hiyab. Siempre añade coletillas como "si tú quieres",o  "si te encuentras a gusto". Yo siempre me cubro para transfigurar mi realidad un poco más, para tocar un límite nuevo, para ver qué pasa, que se siente. Pero me cubro mal. El flequillo siempre se sale y el hiyab siempre se me acaba resbalando sobre los hombros.

Otras veces discuten sobre el Corán y entonces pregunto con voz de sueño sobre sus opiniones sobre el castigo físico a la mujer.

La madre sonríe, se levanta, y coge un Corán enorme, me lo pone sobre las rodillas y me explica con dulzura que el castigo físico -leve- está permitido, pero que es mejor si se evita. 

Yo me callo. Yo me callo y guardo en secreto lo que opino. Los secretos son el mejor chaleco anti-balas, pero también el mejor cinturón-bomba. Nunca sé si mis secretos me salvarán la vida o me matarán, pero esa incertidumbre crea un vacío que voy llenando de misterios, de fórmulas, de nuevos modos de supervivencia.

Y sé que mi corazón desordenado, que mis ojos nublados, laten y ven, laten y ven, y eso es vida. Y esto es vida.













Friday, 27 May 2016

1.
Mi abuela; pelo plateado, sangre del sur, desierto, la sal del mar incrustada en mis recuerdos.
Mi abuela enseñándome a no sorber la sopa, a colocarme la servilleta con olor a lavanda sobre el regazo, a regar las flores, a ser feliz,
y a coger el cuchillo con la mano derecha.
A cortar la carne, siempre, con la derecha.

2.
La vida ahora; miles de kilómetros después, oriente medio, perdida, inmigrante, beber la sopa a morro, aprender a cortar con la mano izquierda porque el Dios que dicta las normas en estas coordenadas lo desea así.

3.
Las flores aquí no necesitan ser regadas. Aquí todo fértil. Las manos se limpian con el polvo de la tierra, con el agua de los ríos.

4.
Mi vestido de novia es verde.
El precio de mi vientre son unas cuantas cabezas de ganado y un prado enorme, verde como mi falda, para que corran mis hijos.
También un cuchillito tallado, que escondo en la manga. Y un velo negro que me convierte en esta sombra de ojos grandes, observando desde lejos mi Andalucía perdida; mi niñez de hilos de plata e idioma dulce.

5.
Las mujeres me ofrecen leche de camella, dátiles y miel, para que la palidez desaparezca. Lo que ellas creen enfermedad es tan sólo raza, tan sólo invierno, tan sólo viento helado que me nieva la sangre, que me viste la piel de blanco para que no olvide quién soy, ni de dónde vengo.




Thursday, 5 May 2016


"It will pass, young lady, it will pass." James Fenton

El muecín me avisa de que ya es hora de tener hambre. Así juega Allah, así juega Dios; hilando los tiempos de sueño y alimento, apaciguando la fragilidad, apaciguando el desencanto. Dice Bourgeois que "apaciguar al otro es hacerle dependiente", y nosotros, esclavos, nos revelamos con migas de pan en la boca, con ganas de amor en los ojos, escribiendo la palabra libertad en esta piel nuestra que es muro, que nos acota, que nos convierte en perros de hambre. 

No sabemos hacer nada más que vivir y lastimarnos. Nos pasamos la vida cazando y huyendo, compensando la ignorancia con datos técnicos: la velocidad del viento, los años, mañana hará sol e iremos de acampada, las fechas de caducidad forzándonos a tragar ya, y la ciencia, y la prosa, los hábitos que nos mantienen ocupados, alimenta al perro.

De pronto son las 12 de la noche y el silencio es un campo de batalla. Y no lloras porque para llorar hay que tener un motivo. De nuevo no hay espacio para motivos en el calendario.

Mañana a las siete y media en pie. 

Si Dios quiere. InshaAllah 




Saturday, 30 April 2016

Te escribo siempre con un ramillete de jazmín sobre la mesa,
te escribo siempre con el olor de Andalucía en mi cabello, en mi mente, en mi amor.
En mi amor, que es blanco como un hogar de leche derramada y pan dulce.
Te escribo de madrugada, desde Egipto, desde Somalia, desde nuestra Kenia-extraña, nuestra Kenia-exilio. Te escribo porque tú te irás, y yo me iré; pero nosotros siempre aquí, siempre en esta juventud tan rara, siempre flotando en la esperanza, siempre arrodillados en la alfombra de rezo muertos de miedo y muertos de hambre, muertos por la posibilidad del todo en tiempos de guerra. 

Nosotros somos fruto de la fertilidad del error. Del éxtasis en un hospital donde mueren hombres solos mientras te juro mi boca, te juro mi vientre, te juro todo el miedo que tengo, tómame, tómame. Seamos mito. No terminemos nunca. No abras los ojos.

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I always write you with a sprig of jasmines on the table,
I always write you with the smell of Andalucia in my hair, in my mind, in my love.
In my love, which is white like a home of spilled milk and sweet bread.
I write you at dawn, from Egypt, from Somalia, from our Kenya-strange, our Kenya-exile. I write you because you will go, and I will go, but we will always be here, always in this extraordinary youth, always floating in hope, always kneeling on the prayer mat dying of fear and of hunger, dying of the possibility of everything in times of war. 
We are the fruit of the fertility of error. Of ecstasy in a hospital where men die alone while I promise my mouth to you, I promise my womb to you, I promise all the fear I have to you, take me, take me. Let's be myth. Let's never end. Don't open your eyes.

Sunday, 10 April 2016

Mañana cumplo veintisiete años. Hoy ceno sola en el hospital. Parto un pedazo de pan y las migas caen sobre los papeles del divorcio y sobre una carta de amor. El cielo está precioso hoy; lleno de estrellas y sin profetas. Parece una carretera larga, larga, hacia ese lugar más allá de mi tiempo con el que sueñan los hombres tristes.

En mi tierra, en mi lengua, ya es primavera. Aquí llega el frío. Y yo refugiada, exiliada, ciudadana sin dios, con la boca manchada y el vientre inútil, año tras año. Mi compañero me prohíbe rezar con sus restos en mi piel. Lávate. Sé pura, me ordena. Y yo me niego. Reniego de la vergüenza.  "Allah nos creó sucios". A ti, y a mí, y a la tierra.

Y entonces cierra los ojos, porque tiene miedo.

Y me deja sola y sucia,

en esta tierra que avanza

dejándome atrás.


Thursday, 7 April 2016

Hay un piso en la pequeña Mogadishu en el que no hay muebles; sólo alfombras y un pequeño lavabo, anclado a la pared, para lavarse antes de la oración, antes de comer y después del sexo. El piso suele estar lleno de hombres somalíes, que hablan y beben a escondidas; piratas, comerciantes, hombres casados que necesitan dos horas por 500 chelines para estar solos.

A veces entro, cubierta con un niqab negro. No saludo, voy directamente a la habitación del fondo desde donde se ve el sol poniéndose detrás de la mezquita. Nadie jamás me molesta. Nadie sabe quién soy. Desde la ventana vigilo un rato, escribo, escucho. A veces tengo compañía. A veces la vida me pasa allá, escondida. A veces el cuartucho es casa. A veces es exilio. A veces juro que jamás volveré, pero siempre guardo la llave. 

Todos los que estamos ahí tenemos algo en común: no queremos ser vistos. Nadie pregunta la razón. Antes de entrar a la casa hay que susurrar: "Khatam Allah". Mi compañero me explicó un día, mientras me colocaba el velo y sacudía el polvo de mi hijab, que son las palabras de un verso del Quran en el que Allah dice: "And we have put a curtain infront and behind them so they cannot see..." 

Una tarde, uno de los somalís escuchaba música en su móvil, habían comprado unos altavoces baratos y las melodías se colaban en mi habitación. De pronto empecé a escuchar a Julio Iglesias cantando "Es la historia de un amor como no hay otro igual/ que me hizo comprender todo el bien, todo el mal/ que le dio luz a mi vida/ apagándola después..."

Mi compañero miraba mis ojos, lo único visible de mi cuerpo además de mis manos. -Es Español, ¿verdad?- preguntó.

Yo asentí. 

Y entonces bailamos.

Allá afuera los hombres de bocas cerradas.

Y aquí adentro, nosotros, bestias de bocas abiertas. Tratando de sobrevivir a esto que nos pasa, que carece de término médico, pero que nos deja sin respiración y dolor de costillas.







Tuesday, 5 April 2016

Para hablar sobre el amor siempre había recurrido a las mismas palabras: fiebre, fiebre, fiebre, tú. 
Ahora amor son las orillas de un río africano, plagadas de mierda.
Jengibre con limón ardiendo en mi garganta.
Tú cubierto con un niqab, disfrazado de mujer, poniéndome en el dedo anular la anilla del llavero de tu coche. 
Que no nos vean.
Que no se sepa.
Que nunca creí en el amor prohibido. 
Nunca imaginé el amor-exilio. 
Nunca imaginé este hambre. 

No quiero quitarte el velo.
No quiero verte.
Quedémonos a vivir en lo prohibido,
lugar-ausencia
donde nadie dice adiós,
donde todo y nada a la vez,
donde somos nunca.

Porque esto que nos está pasando
sólo nos pasa a nosotros,
no a la vida. 

 

Monday, 14 March 2016

Ya está aquí mi libro africano con el que siento que cierro una etapa en esta Kenia que he vivido de forma salvaje. Donde he sido muy joven. Donde me he saltado todos mis límites, uno a uno. Un libro que es cuaderno de notas, que es un registro de pacientes, que son mis ojos demasiado abiertos. 

Y a partir de ahora ya veremos.









http://www.viajesalpasado.com/tierra-de-brujas-de-maria-ferreira/

Friday, 4 March 2016

Cuando era niña comía bocadillos de manteca colorá en Tarifa. Antes de que se me diera mal la vida, antes de la secreción de hormonas, antes de la cuchilla rasurando mis piernas, hiriendo estas rodillas acostumbradas a caer en los patios del colegio.
Entonces flotaba en el mar, que para mí era tan sólo agua, sal, algas, pececillos de colores.
No los ahogados.
No las pateras.
No la muerte fría.
África era sólo un horizonte que se asomaba en los días sin nubes.

Ahora estoy en el bando de los que saltan en pedazos mientras las madres tapan los ojos de sus niños. "No miréis. Eso es lo malo. Eso no es vida. Son raros. Son locos."
Pero lo raro es la limpieza. Lo raro es el pelo sedoso. El esfuerzo es la rectitud.
La vida son los dientes desordenados, la comisura de la boca llena de migas, gemir porque duele, y matarse, y morir. Morir sin un Dios en la boca. Ser sólo un muerto en el desierto.

Morir sin testigos.

Porque las madres les tapan los ojos a los niños.

Tuesday, 1 March 2016

Voy a brindar por la clandestinidad del todo. Por los coches de ventanillas tintadas. Por los chalecos antibalas que anulan la taquicardia, que hieren las costillas, que dejan una marca en el cuello como la que se les queda a los suicidas que se cuelgan de una soga. Voy a brindar por el soldado que conoce el sabor de su mierda y sueña con besar a chicas-ángel de piel limpísima mientras les dice por whatsapp "te quiero, te quiero, te quiero",cuando en realidad quiere decir: "Me matan, sácame de aquí, vamos a hacerlo".

En el búnker de la Agencia de Inteligencia suenan los Backstreet Boys; un hombre reza y dice "Allah Akbar" mientras otro tararea "I want it that way". Los disparos de fondo. Gente muriendo. Las noticias no llegan a Europa. Veinte muertos negros que son sombras. Veinte muertos negros que los ojos del norte no alcanzan a ver. 

Los muertos de este lado del mundo importan un pimiento. 

Pero aquí soñamos igual.

Mentimos lo mismo por whatsapp.

Nos enamoramos 20 veces a la semana.

We want it that way.

Aunque nadie nos llore. 


Saturday, 20 February 2016

La analista de seguridad explica con una sonrisa que vamos a aterrizar en zona de alto riesgo. Alto riesgo significa no elegir la vida; elegir, por ejemplo, el desierto. Elegir a los somalíes armados que mascan khat mientras disparan a las nubes. Elegir viernes en búnkeres. Elegir difamar este cuarto de siglo olvidando la palabra casa, la palabra madre, la palabra tierra, mi lengua, mi lengua, mi lengua.

Los soldados no hablan inglés, algunos tienen aún la adolescencia adornándoles los ojos, reciben 200 dólares al mes por jugar a matarse. Con el paso de los años dejan de postrarse ante Dios, pierden la fe y los dientes, sus corazones bombean alcohol y su hogar son los muslos de las putas.  "Los terroristas tienen mejores armas", me confiesa un crío al borde del coma etílico. "Nos van a matar a todos".

Pero mientras tanto el calor sofocante, la falta de agua, la diarrea.

El miedo a no tener miedo.

Las estrellas por la noche como cerillas para encontrar el camino.

Y estar en un lugar donde no quiere estar nadie.



Sunday, 14 February 2016

Cierro el viernes con 5 muertos, demasiados incluso en un lugar donde la muerte es rutina. La comida no consigue taparme el vacío que siento en el estómago. La pena convierte el azúcar en nausea. Un médico se folla en los baños a una enfermera joven. Aplaudo. Antes de que tiren de la cadena escucho que ella dice "para siempre", y él contesta "súbete las bragas". Después, en la habitación, él abre el ojo del niño muerto de 10 años y le mete el dedo para certificar el deceso. "Descanse en paz", dice. "Ay, qué pena", añade la enfermera. Una mujer grita a lo lejos porque está pariendo y le duele el mundo.

Por la noche alguien me jura amor eterno, pero yo sé que el infinito no vive en la boca de los vivos. Los "parasiempres" son excusas para seguir viviendo luego. Si me quieres que sea ahora.

Porque luego la cama del hospital.
Porque luego transfusión de sangre y antibiótico.
Porque luego el sexo seco.

Porque luego siempre la muerte.


Sunday, 7 February 2016

Thursday, 28 January 2016

La vida es una suma arbitraria de momentos. En mi caso trato de coleccionar minutos en los que no la siento, como si esta se tratara de una actividad anómala. Detesto hacer la digestión, detesto el latir del corazón después del sexo, detesto las bajas por enfermedad, escribo para que el silencio no me coma. Cada punto y final conlleva una derrota.

Mira.

(Y el resto es silencio.)


Monday, 25 January 2016

Un tipo de la Inteligencia Somalí, al que una bomba le destrozó el brazo, me preguntó por el día en que nací.

-Naciste en Ramadán -dijo.

Yo asentí.

-Naciste un martes -dijo.

Asentí otra vez.

-El día en el que te llevas dos pizzas al precio de una -afirmó.

Después me enseñó su muñón, porque sí, vanagloriándose de la herida. Especulando con la herida. Endiosando la supervivencia. El flolklore de la guerra es un vicio; yo llevo una bala reventada colgada en el cuello. Se la enseño. Apestamos a espejismos. Somos piltrafas. Somos elegidos. Somos las costillas de un mundo que se compone de tres bombas, unos cuantos muertos, miedo, olvido, cinco bombas, heridos, miedo, olvido. En medio del caos un poco de sexo, pizza y cerveza. Y una pastilla para dormir, por favor. Y una muerte rápida, gracias.



Tuesday, 19 January 2016

"Un corazón que a esa edad sufre es terrible." Antígona. Sófocles.

Me gustaría creer en la paz. 
Me gustaría creer en infatigables dioses de pan, que ofrecen su cuerpo para que no muramos de hambre. 
Me gustaría creer en las 72 vírgenes, en los ríos de miel, en la muerte limpia. 
Me gustaría creer que la tierra yerma contiene el mundo entero: la posibilidad del sí, la ciencia, el triunfo de la geometría, la pestilencia de lo inolvidable cuando se olvida. 

Pero sólo creo en la necesidad del zarandeo,
creo en la ofensa exquisita que nos obliga a la vida, a la protesta, al no.
Creo en el no saber a dónde ir, para llegar. Para llegar solo. 
Creo en los finales breves, en la belleza absoluta del ya no más.
Tengo fe en el corazón de todos los seres vivos, infalibles en pararse.
Ese es el destino. Ese es el silencio.


Thursday, 14 January 2016

Tengo una historia increíble encallada en la garganta. Va sobre un chiquillo de Sudán del Sur al que le han metido tres balazos: Uno en el culo, otro en la cadera, y el otro en la columna vertebral. Tiene preciosas cicatrices en la cara, queloides, que le hacen parecer un gato. No va a poder andar, ni controlar la orina, ni tener sexo nunca más. Fue una pelea entre tribus en Navidad. Se cargaron a 7. El hermano del chiquillo tiene veintiún años y ha matado a doce personas. -No son tantas -dice distraído. Me da miedo ofenderles y que me maten, joder. Me da miedo estornudar en su presencia.

Tengo otra historia sobre un salafista de esos de galabeya blanca implecable y barba larga sin bigote. Quiso casarse conmigo. Quiso que fuera su segunda mujer. Yo me reí muy fuerte y se ofendió. Después me ofreció sexo extramatrimonial y yo no acepté porque yo no sé de cuántos terroristas me he enganchado en las fronteras, pero ya no más. Mis reglas, que no son las de la vida, consisten en no quedarme embarazada, no pillar el sida y no enamorarme de tipos que matan. Y ya.

Mi agenda de contactos está plagada de asesinos.

Pero eso no me da miedo.

Lo que da miedo es que se haya vuelto rutina.


Friday, 8 January 2016

Tengo veintiséis años y soy especialista en el dejarse ir. Especialista en la bestialidad de tocar cuerpos ya fríos, que ya no, que nunca más nada. Especialista en la vida mal dicha, así que mejor me vuelvo animal y sobrevivo y rompo cosas: las medias, la piel, y el albedrío. 
Escribo obsesivamente mi edad, escribo obsesivamente el dolor, escribo obsesivamente la muerte, escribo obsesivamente para imponerme a la vida y bailar por las noches en los pasillos del hospital sin que me pese la pena. 

El paciente de la 526 tenía unos dientes preciosos, como de animal hambriento, y llevaba muriéndose meses. 
-¿Qué quieres que te traiga?- le preguntaba susurrando cada mañana. -Chocolate -contestó hoy. Me avergoncé entonces de todo el chocolate que he engullido hasta enfermar, como una drogadicta enganchada a perder el control. 

Por la tarde, cuando llegué con una tableta de chocolate escondida en el bolsillo, el paciente de la 526 había muerto. La habitación estaba en silencio y las enfermeras le habían cubierto la cabeza con una sábana fina, fina como un límite, como la muerte. Me senté en una silla, al lado de la ventana, y observé a los buitres que sobrevolaban Nairobi mientras saboreaba en silencio una onza de chocolate. Había llegado tarde, como siempre. 

Lo peor de la muerte es el silencio de los cuerpos. La sangre estancada. Y que siempre, siempre, siempre me dejan sola. 

Friday, 1 January 2016

1/1/16

Uno de Enero. Silencio en el Hospital. Tarareo I wish you were here de Pink Floyd mientras miro por la ventana del pasillo de la quinta planta. El paciente de la 523 estuvo a punto de morirse el día de Navidad, aunque él no lo sabe. Me ha contado que en su país, Ucrania, la gente no tiene sexo, los niños vienen de las plantaciones de col. -¡Europa está perdiendo su identidad! -afirma. Qué es la identidad de todas maneras, me pregunto. Somos pedazos de huidas y malamores. No somos personas, somos Enero. Somos Viernes. Al paciente de la 523 le da miedo morirse sin haber amado. A mí también. Quiero que me abrace pero me da vergüenza  pedírselo. 

Los de la habitación 423 son refugiados Somalíes. Siempre que entro en su habitación están rezando. Ahora ya sé en qué dirección está la Meca. A veces les observo rezar, me quedo quieta en un rincón de la habitación casi sin respirar y miro sus labios recitar en árabe, su frente contra el suelo, sus manos vacías pidiendo, pidiendo, pidiendo. Así voy yo por la vida, con las manos extendidas, entregada por completo al descontrol, con las manos como alas, intentando volar en esta caída libre. Y no matarme. 

La niña masaai de la 429 tiene nueve años, pero aparenta 4. Es preciosa y su mirada es como la de una de las santas de las estampitas que mi abuela tenía en su mesilla de noche. A veces me siento en el borde de su cama y nos miramos y sonríe e intenta alzar su mano y tocar mi pelo. Su cuerpo es territorio arrasado y lo sabe. Me da miedo que se muera. Me da miedo llegar una mañana y no encontrarla. Me da miedo mi miedo. 

La muerte deja las habitaciones desoladas, como las ciudades después de una guerra, la muerte convierte mi hogar en una herida abierta y a mí en una perra abandonada que olfatea los restos y llora un poco antes de seguir viviendo. 



Monday, 21 December 2015

Tres días antes de Nochebuena


Cuando un paciente toca el timbre de su habitación resuena en toda la planta la melodía de "Para Elisa" de Beethoven. Nadie sabe quién es Beethoven, ni les importa; la melodía significa que un paciente está muriendo, que se ha cagado, tiene hambre o le duele mucho. Nunca significa gracias. Nunca buenas noticias. 

Me pone tan triste. 

El paciente de la habitación 413 se llama Peter. Es un paciente terminal. Esta mañana lloraba sus 80 años. 

-¿Qué te ocurre, Peter?- le pregunté.

-Echo de menos la comida de mi madre.

Una enfermera ríe. 

-Yo también echo de menos la comida de mi madre.- le confieso.

El paciente de la habitación 431 se llama Mohammed. Cuando despertó de la anestesia se cagó en la cama, cogió su mierda y me la esparció en la cara. 

Me dio igual. Me duché, comí y le dije a su hija: -A tu padre no le caigo bien. -No es culpa suya mi tristeza.- aclaré. 

La habitación está llena de familiares, somalís; después de tres semanas han empezado a hablar conmigo. La hija tiene una clínica en Somalia. Cura a niñas que se casan con diez años y vuelven con la vagina destrozada. Por las noches a veces se sienta conmigo y hablamos. Anoche me preguntó que por qué no me depilaba las cejas.

-Oh, me las depilo- contesté.

-Pero muy mal- observó.

Ahora debería estar depilándome las cejas y en vez de eso estoy escribiendo en el blog, no sé por qué.

En la habitación de pediatría hay una niña de 4 años desnutrida, que me coge la mano y se ríe. No tiene madre. El padre adora la televisión y apenas habla. Quiero abrazarla pero me da miedo que me contagie la Tuberculosis. Hace años, cuando era una chica utópica y feliz, no me daba miedo el contagio, pero la enfermedad ha acabado marcándome. 

Voy a pasar la Nochebuena en el hospital, sabiendo que soy afortunada, porque cuando todos duerman me iré a casa. Porque puedo irme a casa. 











Wednesday, 2 December 2015

1. El poli llegó al hospital sangrando como un cerdo. Sucedió a la hora de comer. La enfermera joven se santiguó y miró al doctor asustada. La enfermera vieja tosió. El Doctor sacó la bala llena de desamores, colesterol y ácido. -Guárdala bien -me dijo. Y yo la dejé sobre la encimera de mi cocina.

2. Por la noche abro un bote de judías verdes importadas de Alemania. Hay que joderse; vivo en el centro de África y he acabado alimentándome de la misma mierda enlatada de siempre. El Doctor me pregunta que si he visto a alguien morirse de hambre. -Sí -respondo. Pero fue hace tanto tiempo que parece ficción, así que sigo comiendo sin quemarme la lengua, sin quemarme la pena. 

3. La bala sigue en el bote, al lado del azúcar, del cardamomo y el jengibre. Me da tanta sed no saber si el hombre ha muerto. Me da tanta hambre no saber qué hacer con ella. Me aterra que le crezca mala hierba a la sangre coagulada, que le crezcan recuerdos y me invadan la cocina. Lo malo de vivir en un hospital es que si gritas no escucha nadie. 

4. Un hombre importante se cubrió con un burka y vino a verme. Nos sentamos en la cafetería del hospital y dijo que me amaba. -¿No te pone nada que lleve un burka, verdad? -me preguntó. Los amores prohibidos existen en todas las religiones del mundo, eso debe ser Dios, y ya. Una enfermera comentó por la noche que mi amiga tenía voz de hombre. -Alhamdulillah -comenté en voz baja. 

5. He abierto sin querer el bote de la bala a las tres de la mañana. Pensaba que era mantequilla de cacahuete. Olía a los viejos hábitos del tipo; me asusté  al reconocerme en esa sangre podrida. Nunca, nunca me acostumbraré a los muertos. Ni al terror que me da estar viva. 






Saturday, 14 November 2015

1. Antes del atentado solíamos sentarnos en aquel bar. Yo sucia, tú sucio, etc. La vida era un montón de polvo entre nosotros. Yo era Oeste/decepcionada/disconforme, tú Este/asustado/eufórico. El Norte nuestros acentos ardiendo. Y el Sur la sed insana.
Éramos tan jóvenes que nos atrevíamos a desparasitarnos la tristeza bailando al compás de las marchas fúnebres de la gran ciudad.

2. De pronto las balas. Los muertos. Y un paréntesis de años lleno de excesos.

3. Crecimos y al duelo le siguió la vida/olvido. Volvimos a aquel bar que nos vio a nosotros jóvenes, que vio sangre inocente mezclada con ron. Eres mi marido y estamos limpios. Ni rastro del polvo que me hacía adicta al ventolín, y a ti, a ti sobre todo. El Este y el Oeste han hecho coalición para reventarnos el Norte. Y el sur es sólo folclore viejo, sólo hartazgo del placer que me latía en las ingles.

4. De pronto el silencio. No pasa nada, joder, no nos pasa nada. Y un paréntesis de años que nos hacen viejos.

Monday, 9 November 2015

Los hombres que he conocido tenían diferentes dioses en la boca, pero los pecados siempre fueron los mismos; callados a gritos.
Alguien me cubrió el pelo, haciéndome virgen y caníbal a la vez. El amor no puede hacerse a frenazos, la vida huele entonces a goma quemada, como las ruedas de una ambulancia.
Alguien cerró los ojos mientras me limpiaba la boca, quería convertirme en pasado y yo estaba desnuda. No, así no. Le abrí los ojos y toqué fondo en ellos. Me vi tan fea, tan perdida.
Y así empezó la nueva vida, el nuevo ayuno, el nuevo rezo. Y yo jurándome no creer en nada mientras me curaba las rodillas, heridas de postrarme ante el dios que fuera; para que me quisieran, para ser perdonada en todos los cielos de la tierra.
Vivir el todo en exceso; el amor voraz y la pena por vocación. Quiero decirles a todos que su Dios también me creó a mí, me creó feria ambulante, pero carne de su carne. Me pudro al mismo ritmo que todos ellos, en otra lengua pero en la misma contienda. Malditos todos. Bendito miedo.





Saturday, 7 November 2015

I am not what I love. I am made of what I flee. Of what I cross out. Of what I heal. Of this country that is no longer a land; it is just an eternal spring hitting me, biting me, making me compulsive from the pain and of dying-sometimes.

I am swallowing you whole. You're turning me into a sea of hunger, of limits, of blind faith. You pray that I may look like the women that appear in the Sacred book, but carnivorous, but naked, but blasphemous, but yours, in you, in you.
You know that we are ignoring the consequences of this youth lived in hiding. We ignore the eyes that unravel our sins. We ignore the closed mouths. The progress of the grand city, the scientific discoveries, and the earth, and the rain, and the drugs. We only exist ourselves beautiful. Ourselves fallen. Ourselves relieving the strict upbringing.

You are a damned matchstick burning my fingers. But in what hands can I overflow without faking, who would bite my white flesh until I forget that I hurt so much without you.
I look for you every day, aware of the bad weather. And every night we say goodbye as if hurtling ourselves to the end of the world, pretending to be able to live one without the other. But my self-sufficiency and my pride don't manage to make me forget that peace only exists in us overflowing.

I naturally suspect tragedy: happy endings don't always mean orgasms, my dear. But for now no, don't clean me, because I want your remnants on my skin like something sacred and infinite. Bite me hard, hurt my skin, and make yourself exist in me.
Never leave me.

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No soy lo que amo. Estoy hecha de lo que huyo. De lo que tacho. De lo que curo. De este país que ya no es una tierra; es sólo una primavera eterna golpeándome, mordiéndome, haciéndome compulsiva del daño y del morir-a veces.

Estoy tragándote entero. Me estás convirtiendo en un mar de hambre, de límites, de fe ciega. Rezas para que me parezca a las mujeres que aparecen en el libro Sagrado, pero carnívora, pero desnuda, pero blasfema, pero tuya, en ti, en ti.

Sabes que estamos ignorando las consecuencias de esta juventud vivida a escondidas. Ignoramos los ojos que nos desentrañan los pecados. Ignoramos las bocas cerradas. El progreso de la gran ciudad, los descubrimientos científicos, y la tierra, y la lluvia, y las drogas. Sólo existimos nosotros bellos. Nosotros cayendo. Nosotros aliviando la educación estricta.

Eres una maldita cerilla quemándome los dedos. Pero en qué manos podría derramarme sin fingir, quién mordería mi carne blanca hasta hacerme olvidar que duelo tanto sin ti.

Te busco todos los días a sabiendas del mal tiempo. Y todas las noches decimos adiós como arrojándonos al fin del mundo, pretendiendo poder vivir el uno sin el otro. Pero mi autosuficiencia y mi orgullo no consiguen hacerme olvidar que la calma sólo existe en nosotros desbordados.

Naturalmente sospecho la tragedia; los finales felices no siempre significan orgasmos, querido. Pero por ahora no, no me limpies, que quiero tus restos en mi piel como algo sagrado e infinito. Muérdeme fuerte, hiéreme la carne y hazte existir en mí.

No me dejes nunca.

Thursday, 22 October 2015

Me gustaría poder vaciar mi cabeza de todas las mujeres de sexo mutilado que me pueblan. Me gustaría poder ser el cuerpo de todas las mujeres de sexo mutilado que han visto mis ojos. Hacer de mí un templo.
Me gustaría ser sus dientes y destrozar las manos que las arrasaron.
Que las cosieron.
Que les dijeron no. No seas. No sientas. Tu cuerpo es una condena. Estás sucia.

Las mujeres que me pueblan se inclinan ante Allah y piden perdón,
con esas manos pequeñas que huelen a pan y a leche, como las mías.
Las mujeres que me pueblan me insultan por no poder sentir ya más.
me señalan porque es un malquerer lo que congeló el vientre,
no un cuchillo,
no un bisturí.

Las mujeres que trenzan mi pelo cantan canciones sobre la tierra materna
en lenguas extranjeras, como si tendieran puentes por los que poder volver al principio.
Pero siempre llegan tarde.
Siempre llegamos tarde.

Me miro en el espejo, hambrienta, y a veces en un gesto las veo.
Me cubro entonces el pecho,
me cubro el sexo,
se burlan de mí.
Las mujeres que me pueblan me han condenado a esta tierra,
a esta guerra, donde yo soy mi enemiga,
y mi cuerpo la víctima.

Saturday, 17 October 2015

Me da miedo el vacío que dejas al ordenarme la vida.
Es como un pasillo siniestro que conduce a un comer sin ganas,
a un amar sin ganas, y a una tele puesta en la que podríamos ver porno,
pero sólo hay noticias del mundo que niego.
Quiero el desconocimiento. Quiero que tus manos me lleven a la muerte, todo el tiempo.
Quiero ser vieja y obscena y pedir más y más y no cansarme,
y perder ropa por el camino
perder los dientes
perderlo todo
pero tenerte bajo la piel
tener tus dedos buscándome entre el caos.
Bailar entre las ruinas y tropezar y sonreír infatigables.
Devora las migas de todo. Patéticos. Reales. 
Y el cuerpo dolorido.
Y el alma tan viva. 

Friday, 16 October 2015

Tu lógica destroza hasta la belleza, hasta el hambre.  Me impones la simetría, que es muerte, que es línea recta. La caricia geométrica olvida la carne y suena a pureza, a sábanas limpias, a ayuno, a tu reino. 
Y yo, animal de paraísos sucios, tiemblo de soledad antiséptica. Anhelo el aminoácido roto, las constelaciones que forma el semen en mi ombligo, el olor del error. Eso es; esa vida, el mal aire, el agua podrida. 
Oye, quiero manchar la tierra.
Oye, mánchame mi tierra. 
Te he esperado tanto.
Estamos en un coche y dices algo sobre un Dios que prohíbe que me toques.
Un Dios que quieres ponerme en la boca para poder besarme.
"Di Insha'Allah"
Y yo te muerdo los labios.
"Di Insha'Allah"
¿Por qué no ser sólo carne?

Me trenzas un mechón de pelo con hilos de colores que compraste en Somalia.
Lo cortas y lo guardas entre las páginas del Qu'ran.
Maldigo el amor
y tú bendices mi vientre.
"Insha'Allah", rezas arrodillado ante mí,
convirtiéndome en templo o paraíso.

Te alejas llevándote contigo mi cabello
que se deshace,
y que es viento.
Como los rezos.
Como los dioses.
Como el futuro.
Insha'Allah.



Vivir en este hospital, donde el dolor es un hábito, me ha anestesiado. 
Ya no siento el asco.
Miro la sangre como si fuera vino derramándose en la encimera.
Camino por los pasillos a medianoche, sabiendo que mi casa está llena de enfermos que llenan mi día a día de historias dulces, de recuerdos, de malhumores que nacen del daño.
Y yo vivo entre ellos. Les doy los buenos días y las buenas noches. Como si fuéramos una gran familia. Una gran familia cuyos miembros cambian continuamente; a veces mueren, a veces se curan. Nunca vuelvo a verlos. 

Cuando me alejo de mi hospital-hogar bailo. A veces me dejo desnudar, a veces. Y amo en otras lenguas, me abandono a cuerpos que están del lado de la vida y son un ancla. Me desafían a reconocer que no es demasiado tarde. Los fluidos son entonces dulces. Me dejo manchar. Me dejo exceder. Cojo mi vida de forma agresiva y sin escrúpulos y me la trago junto al amor. 
Nunca vuelvo a verlos. 

Monday, 5 October 2015















1. Son las dos de la mañana y miramos hacia el mar. Qué hermoso el océano que no vemos. Qué hermosa mancha oscura; agua de piratas, agua cubierta de pétalos de flores, agua que arrastra a los pescadores hambrientos que no saben nadar. Agua que no vemos, como el amor y la placenta y la sangre y las ganas de llorar.

2. Una mujer da a luz en la playa; bebe leche de coco y suda sal. Larga vida a la felicidad obscena, larga vida a la sangre adolescente que convierte las olas en vino, larga vida a la excitación de todos mis órganos cuando navego, larga vida a las islas de flores y sexo, larga vida a la muerte bella y vieja cubierta de rezos, larga vida a las nanas en todas las lenguas del mundo.

3. La belleza y lo repulsivo se desmenuzan en mis ojos. Las tripas de los peces que se pudren en la orilla me recuerdan el aborto. Las moscas que sobrevuelan los restos, y brillan, me recuerdan el fervor de la vida. La existencia es de una fealdad inimaginable, pero está llena de la posibilidad de ti, de la posibilidad del exilio dulce, de la posibilidad del placer en cada tormento.

4. Los niños del Índico abren conchas con sus manos y se hieren los dedos. La sangre y el agua y el alimento. La infancia y los fluidos. La consagración de la tierra. La hemorragia irreversible que les hace hombres. Hijos de piratas y pescadores, hijos de de mujeres que traman la vida en canciones árabes. Niños-ola. Niños-pez.

Tuesday, 29 September 2015


Revelo fotos en el sótano del hospital, junto a una silla de ruedas. Los recuerdos huelen a químicos y su onda expansiva me destroza el vientre. Puedo contar los toques de queda que he vivido desde entonces. Toques de queda hermosísimos que consistían en correr por las calles y reír, que consistían en ser libres y reír. Puedo hablar de tierras amnésicas cuyos dioses se regocijan en el miedo, y de tierras que gustosa hubiera llamado patria, lecho, semen.

Pero salgo al sol y me olvido y me pierdo. Y trota mi mente (como una perra de mil razas y mil lenguas) hacia el norte por si pudiera encontrarte. Porque el sur ya lo he perdido.

Wednesday, 23 September 2015

No poder escapar, ni siquiera yéndome, sobre todo yéndome.
No alcanzar a ser más que una inmigrante en mi propia casa,
olvidar qué idioma,
dónde,
cómo puedo pronunciarte 
cómo puedo pronunciarnos sin que el destierro sea sólo mío. 

He viajado al fin del mundo
para encontrar que no había fin,
que estar lejos consistía tan sólo en
tierra rara sin ti.
Querías que me quedara;
sólo por ti llegaría tan lejos,
sólo por ti la lengua materna
sólo por ti saber que el interruptor de la cocina
está a la derecha, todos los días.
Sólo quedarme por ti,
sólo ser valiente en tus ojos, todos los días.


Monday, 7 September 2015

Me lo estoy tragando todo;
todo el amor que se descompone en mi garganta,
y es síntesis orgánica de ti, del miedo, de los atardeceres sucios de Madrid,
de los dioses únicos pronunciados en silencio, de mi vuelo a Middle East
y del último polvo, y de la última cena. 

Aleluya y Mash'Allah, y yo no creo
pero eres ya carne de mi carne
y sueño de mi sueños.
Te rezo y te hago credo, y asciendes como un dios 
y la vida se hace sí,
se hace dulce y luz
y lunes brillantes porque amanezco en tus ojos
y me acuesto en tus manos,
El futuro es eterno y dura un orgasmo, 
seamos dioses, seamos dioses.

(La esperanza es limosna 
que le echo a la perra muerte 
que nos ladra a lo lejos.)



Thursday, 20 August 2015

...et des temps difficiles


Tengo el corazón roto y mi cabeza es una jungla. El precio de una novia somalí son 100 camellos. Quiero decirte que todo lo que escribo significa "te quiero". Significa "en cada fallo pienso en ti". Sin embargo solo te hablo de niñas de 10 años que se casan. (Esa angustia que sienten la siento yo, y tú no lo ves.)

Tú me hablas de países asiáticos eficientes elevados como dioses. (Esa eternidad-de-mundo-entero la sientes tú, y yo no la veo).

Porque tú eres orden
y yo caos corrosivo.
Tú eres familia
y yo animal que huye.

Vamos a pasar tiempo juntos,
tú mirarás al futuro
y yo a los pájaros.
A ver quién se cansa primero.


Thursday, 13 August 2015

life

Primero me asusté.
Había sido tan dócil hasta entonces,
me había creído tan útil,
mejor que los viejos y su paz,
mejor que los enfermos que se orinaban en las camas.
No lloré,
pero
la vieja vida
y yo tan joven
y de pronto tantas ganas de morir.

Empecé a bailar vals sola en la casa,
y en los pasillos del hospital,
con un sentimiento de extrañeza cogiéndome de la cintura
llevándome así, girando por cada error,
evitando la línea recta de la cuchilla,
evitando la línea recta del final.

Estoy en la ducha y cierro los ojos y el placer y el agua.
De pronto las mujeres del desierto me cogen de los pelos
y me gritan y me gritan y me golpean el corazón
con sus botellas vacías de plástico sucio.
La sed en el cuerno de África, Dios mío,
y yo escupiendo agua limpia sobre mi pecho.

Estoy de pie, desnuda, en la cocina,
sangrando la guerra doméstica,
porque a la vida le gusta herir
todo aquello que puede ser herido.
Mi marido mira hacia otro lado.

Sunday, 28 June 2015

Black holes

I started to believe in black holes to have something to talk about before or after sex; I started to study them for the same reason that I started to write: so that they'd love me (one must recognize one's pathological attitudes towards the world if one wants to recount something that is true) and to stop being afraid. Literature and black holes saved me. When I looked at the African sky I did not look for stars, I looked for supernovas exploding and tearing the universe, converting it into paradise. 

And no, I don't speak from a poetic point of view, I speak from pure hard math. 
What makes black holes special is their density. Their density that creates the event horizon. It doesn't sound sexy at first, but it works. 

To summarize it without using too many technical details: an event horizon is the sphere around the black hole from which electromagnetic radiation cannot escape. Light cannot escape. That is peace. Knowing that there is no possible exit. Particles traveling at the speed of light (planets, stars, I sick, I sad, I who fights) falling into the center of the black hole. Time pointing towards the center. The inevitable. That's my heaven, that's the paradise that I believe in. A way to be forever would be for a black hole to absorb us and radiate us in it's light forever. 


There is nothing more beautiful than to think of being a body mixed with the stars, space junk, screws of rocket ships; there is nothing more dignified than being the light that some drunk teenagers about to fuck see.

Wednesday, 17 June 2015

Desde la farmacia del hospital I

Un frasco de oxitocina se me ha reventado en la manos. Así huele el amor, a esta nada. Así mancha el amor, así se seca, así me lo limpio. Me coloca y te pienso follándote a todas las putas que han visto mis ojos. Y eso es amor. Te pienso también resucitando a todos los hombres que han muerto en mis manos, también eso es amor. Te imagino madre patria, te imagino lejano, te imagino ley de la selva, te quiero llenándome de adrenalina el pecho, te quiero fanático de la idea de poder irte y de querer quedarte. Has resucitado a André Bretón, querido, con tu belleza convulsiva y con esta anarquía tan libre, tan buena.

Te escribo lejos, en todas las lenguas en las que puedo echarte de menos. Te escribo mapas. Te escribo Oriente Medio y te escribo África. Te juro que yo soy las guerras, que soy el hambre, que soy la sequía, para que cuando cojas el metro, borracho, y veas carteles de niños con moscas en los ojos pienses en mí. 

Y me quieras. 

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A vial of oxytocin has broken in my hands. Love smells like it, this nothing. Love stains like it and dries like it, and I wash love away the same way. It gets me high, and I think of you fucking all the whores that my eyes have seen. And that is love. I think also of you resurrecting all the men that have died in my hands; that too is love. I imagine you motherland, I imagine you far away, I imagine you law of the jungle, I want you filling my heart with adrenaline, I want you fanatic at the idea that you can go and that you want to stay. You have resurrected André Breton, my dear, with your convulsive beauty and with this anarchy so free, so good.

I write you far, in all the languages in which I can miss you. I write you maps. I write you Middle East, and I write you Africa. I swear that I am war, I am hunger, I am drought, so that when you take the metro, drunk, and you see the posters of children with flies in their eyes you'll think of me.


And you'll love me.

Thursday, 14 May 2015

Masha'Allah

La pequeña Mogadiscio es una mujer bajo un velo de basura, que se ofrece y es verdad, y reza y es verdad. El canto del imán me desordena la tristeza y no sé si lo que mancha las páginas del Quran son lágrimas o es té. No sé si lo que mancha mis vaqueros viene de ti o de la tierra. No me cubro el pelo pero digo mashallah y lloro el corazón entero. Y bendigo esta tierra con mi sangre de animal que no ha parido, y maldigo mis rodillas débiles que sangran por no querer rezar.

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The little Mogadishu is a woman under a veil of garbage, who offers herself and is truth, and prays and is truth. The singing of the iman throws my sadness in disarray and I know not if the stains on the pages of the Quran are tears or tea. I know not if the stains on my jeans come from you or from Earth. I do not cover my hair, but I say mashaʼAllah and cry my whole heart out. And I bless this land with my blood of animal that has not given birth, and I curse my weak knees that bleed for not wanting to pray.

Wednesday, 6 May 2015

Debajo de esta sonrisa yace un idioma dormido,
con el que solía prender fuego al amor y a los dioses.
Debajo de mis costillas de inmigrante
me enferma un no saber digerir esta leche, este pan, tantas personas heridas.
Debajo de mi falda hay un templo
donde le rezo al amor que se vaya para siempre,
río abajo,
para no ser nunca tú o nosotros.
Ya sólo yo. Sólo lejos. Sólo sola.




Monday, 4 May 2015

Garissa


http://www.playgroundmag.net/noticias/actualidad/Mira-policias-violan-mujeres-musulmanas_0_1527447241.html

Sunday, 12 April 2015

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http://www.elmundo.es/internacional/2015/04/12/552a89c922601d19058b4577.html

Saturday, 11 April 2015

Garissa, we love you

www.rtve.es/m/alacarta/audios/cinco-continentes/5c-1004-11129349-2015-04-10t23-06-22000/3084771/?media=rnehttp://www.elmundo.es/internacional/2015/04/05/55204972ca4741bf1f8b456b.html