Thursday, 18 August 2011

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Los perros también se mueren de hambre.

Siempre observaba fascinada sus pasos cansados vagando por el camino (seco como los pechos de las mujeres.)

Un día uno, febril y triste, murió caminando a mi lado. Mierda de realidad que no para de manifestarse. Sus patas se derritieron y la vida se le derramó por la boca. Las pulgas seguían arrasando toda esa carne muerta, sin ser conscientes de la tragedia: estaban bailando sobre su propia catástrofe.

El mundo me volvió a hacer espectadora -gratis y en primera fila- del espectáculo patético de la muerte.

Seguí andando y lo dejé atrás. A los perros no se les tapa la cara con una sábana blanca.

M.

2 comments:

  1. La puta muerte codiciosa. La única seguridad absoluta que podemos tener.
    Lo malo no es que venga, lo malo es que no queremos recordar que tiene toda vida en su larga lista y desperdiciemos nuestro tiempo.
    Y más  jodido es ver que venga para arrebatar sólo miseria. Sin que el/la/lo que marcha haya podido conocer más realidad que el dolor.
    Pero de eso sabes tú lo que yo jamás sabré en toda su extensión; 
    me gustaría poder ayudarte a sobrellevar las sombras que llevas a cuestas, aunque me meto donde no me llaman (no consigo corregirme), y eres más fuerte que yo.
    Sólo que hoy no puedo con mi alma. Literalmente.
    Sigue escribiendo. Aparte de que lo haces estupendamente, quizá te sirva. 
    A mí me hace bien leerte. Aunque eso no importe.

    Un saludo, poderosa M

    R

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  2. La muerte es patética en cualquiera de sus versiones y manifestaciones, y puta cuando toca a quien no debe tocar

    Saludos

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