Friday, 19 August 2011

Waldo II

He abierto un e-mail tuyo desde Nueva York, que me escribiste a las cuatro de la tarde (allá). Me cuentas que las manchas de la pared de tu piso compartido te recuerdan a la Tusker que derramé sobre tu mierda de cama. Porque mira que fuimos felices, honey, pero realmente dormimos en la pura mierda. Que estudias anatomía y piensas en aquella noche a las 3:03 de la mañana.

La diferencia horaria me sorprende tumbada en mi cama, en Madrid. En mi mesilla tengo el bote de vitaminas que me regalaste antes de irte, y que no tomé porque eran tan tuyas que no quería gastarlas. Lo abría todos los días, las olía y te recordaba. Y tú me llamabas todas las mañanas para preguntarme por los pacientes y para recordarme que me tomara las pastillas. Y yo te decía sí, sí, no te preocupes.

Escribo y pienso en aquella mañana a las 8:00, cuando yo iba feliz, sucia y desgastada, y tú hiciste todo el camino al hospital andando hacia atrás para mirarme a los ojos mientras me hablabas. Y yo pensaba, este chico es raro, es raro incluso para mí. Y me encantaba.

Creo en ti de una forma indefinible - me dices. Y me brillan tanto los ojos que estoy segura de que me puedes ver desde tu apartamento americano (con restos de fiesta en las paredes).

M.

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