Sunday, 25 March 2012

Los cuatro años y mi padre diciendo "Sikate tamaa" (Me doy por vencido).

Los seis años eran culpa y castigo por odiar la tortilla hasta la nausea. Watoto wa Afrika, watoto wa Afrika, decía mamá, y yo lloraba de rabia por tener que comer por culpa de aquellos niños que morían de hambre, día tras día, sobre el mantel de la mesa. Vomitar la comida era ser responsable de toda esa puta miseria.

Los nueve fueron igualdad. Muhali, decía yo, imposible, imposible, y mi madre restándole importancia a la piel.

Los doce y la distancia. La nevera llena de fotos de niños hambrientos. El frío. Los chicos. Mi lengua. El olvido. Swahili qué. Y qué. Y qué si África qué.

Los quince y el sexo. Al carajo las moscas en los ojos. A la mierda con su piel. Aullaba en cada beso la verdad de los tiempos.

Los diecinueve y los complejos. El amor. Las cabras. Los kilómetros. La piel negra (de ellos). La piel blanca (la mía). Igualdad dónde. Frío. No entiendo una mierda. Comer con la mano forzosamente. Repercusión existencialista. Watu hawajali, quiero decir, a la gente no le importa.

Los veintidós y mira mamá de igualdad una mierda. Que mi cuerpo aquí es débil y el suyo es fuerte. Que yo pienso roto y ellos piensan tiempo. Que ni follando se iguala uno. Que mi piel se quema y duele. Que no sirve de nada comer, allí. Que no sirve de nada decir, allí. Que aquí consiste en aquí.

Ni grande, ni fuerte, ni aprobación, ni bendición. Desamparo y punto.

M.

1 comment:

  1. Y luego tu camino.
    Tu propia voz, Sangrando belleza.
    Tiñendo el desamparo de luz.
    Convieriendo el grito en armonía, o la armonía en grito.

    Tu
    Propio
    Camino

    Asante sana

    R

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