Monday, 14 May 2012

Hambre

Tener hambre todos los días,
y salivar como un perro,
cada vez que paso delante de una carnicería.
Me asomo y olfateo, para sentirme animal,
y el carnicero me dice: Mira guapa, mira qué filetes.
Mi estómago se altera, como si estuviera enamorada.
Mi mandíbula se tensa, como si me fueran a pegar una hostia.

Le rechazo.
Después compro lechuga y queso fresco.
También huevos. Me gustan los huevos,
porque Waldo me contó no sé qué del ADN
y me hizo pensar que comer huevos era
como comer pequeñas desgracias,
como alimentarse de infertilidad.

Me muero de hambre.
Quiero llegar a casa, y devorar salvajemente
toda esta comida de conejos.
Para después seguir hambrienta.
Todos los días.
Y salivar como un perro.
Todos los días.


6 comments:

  1. Tus poemas son como una droga. Cada vez que los leo, me digo: nunca más; pero me engaño, ni siquiera borro tu página de favoritos, y al cabo del tiempo vuelvo, me horrorizo y digo: nunca más.
    Ahora, además, te escribo, como un exorcismo, para arrojar mis demonios. Tú eres mis demonios.

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    1. No es tan terrible. Lo sabes, no sé por qué, pero lo sabes.

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  2. Me desasosiega y me hipnotiza.
    Me preocupa.
    Me gusta.
    Como cualquier sustancia psicotrópica o como una tila o un te de frutas en aquella cafetería a la que ya no me llevarás.
    Quizá como un cigarrillo manchado de rouge en tu banco del parque.
    O como ese mismo rouge corrido por un gesto desdeñoso, como llamándome cerda embustera.

    Bewitched for your words.

    Your inner voice is such a huge abism…

    I can't help to see what's in it…

    R

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  3. Y devorar a la presa que es una.
    Todos los días.

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