Friday, 22 February 2013

Comida asiática

A veces, cansada ya de tomar té y leer en la terraza del Art Caffé, le mandaba un mensaje a Ryan: Hey guy, ¿dónde estás?

Dos minutos después pasaba a recogerme en la puerta del Westgate, e íbamos a su casa en coche. A su casa, claro, porque en Nairobi si se quiere desconectar no se puede estar allá afuera. Fuera es el zarzal de peligros que se enganchan cuidadosamente en los bolsillos y te sangran, lentamente, elegantemente.

Ponía esa canción tan terrible, el Gangnam style, porque es coreano, y me reía y me reía y entonces provocaba esa risa, tanto que al final eran normas de cortesía: él por hacerme reír, yo por hacer que se sintiera gracioso, todo así, muy cute, muy dulce, muy de personas solas, eso es.

La primera vez que entré en su apartamento, en el barrio de Westland, subí las escaleras hablando de chinos.

-No hables de chinos- me dijo- todos mis vecinos son chinos.

Abrió la puerta y olía a restaurante chino. Olía a salsa de soja. Y había una bici. Y tenía tres ordenadores abiertos y todo desordenado. Me senté en el sofá. Había restos de noodles en la mesa. Los recogió y me preguntó que que quería hacer. Miré alrededor. No era para nada una casa keniana, era como estar de viaje, de vacaciones, en cualquier otro sitio del mundo. Me quité los zapatos y me recosté en el sofá mientras él me miraba, de pie, con las manos en sus bolsillos.

- ¿A las europeas os gustan los asiáticos?- me preguntó.

Sonreí.

- Me refiero, ¿qué pensáis en Europa de nosotros?- insistió.

- ¿Te refieres a mí o a la gente en general?-  quise saber.

- Both- contestó.

- Ok. La gente dice que coméis perros y gatos y sois muy inteligentes para las matemáticas y tenéis la polla pequeña- le dije.

-¿Y tú?- sonrío- ¿qué piensas tú?

- Nunca he visto a nadie comer perro o gato. Tú eres inteligente para las matemáticas pero no puedo generalizar. Nunca he visto una polla asiática- contesté.

Se sentó a mi lado en el sofá. Y me acarició el pelo.

- Sigue hablando, por favor- me pidió en voz baja.

- ¿Sobre qué?- bostecé.

- No sé- dijo- es la primera vez en los tres años que llevo en Kenia que una amiga viene a casa, es la primera vez que no estoy solo.

Entonces le hablé de los ríos del norte en verano, los renacuajos, el gusto a agua dulce, la insolación y comer demasiado, el miedo a morirme ahogada.

Cerró los ojos y se quedó dormido. Fui al baño y vi un frasco de ansiolíticos. Ansiolíticos de esos que te matan. El suelo estaba mojado y me empapé los calcetines, así que volví al salón dejando huellas.
Escribí no sé qué en un post-it, algo sobre "me tengo que ir, reunión, trabajo, blablablá, llámame, nos vemos mañana."

Abrí la puerta y se despertó.

- Oye- dijo- ¿quieres hacer el amor?

Me quedé parada, de espaldas, con los zapatos en la mano.

- Eso es tan ambicioso- contesté.

Entonces nos quedamos callados. Pensé que iba a decir algo sobre su polla asiática, pero nunca lo dijo.

Nunca volví a verle porque se emborrachó y vino el coma etílico, se volvió triste del todo y regresó a su país.

Hoy he comido en un restaurante chino, que no tiene nada que ver con Corea, pero el olor me ha recordado al apartamento de Ryan. He sonreído al verme tan entera, tan jugando el papel de mujer-que-sabe-de-qué-va-su-vida, cuando hace apenas dos meses me tendía en el sofá de mi amigo dejando que me mirara, dejando que me tocara, para sentir que seguía viva, para que él sintiera que seguía vivo. Así los dos, luchando por ser algo más que basura biológica, seres patológicos condenenados a ser tristes, a ser solos.Y después me miré en el espejo del ascensor, y tenía el rímel corrido. Llegué a casa y puse porno, y busqué asiáticos teniendo sexo y tuve un orgasmo mediocre, con aires exóticos, como si estuviera aún siendo una pequeña salvaje y no una chica doméstica.



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Sometimes, tired of drinking tea and reading on the terrace of the Art Caffé, I would send a message to Ryan: Hey guy, where are you?
 
Two minutes later he was going to pick me up at the door of Westgate, and we were going to drive his house. To his house, of course, because in Nairobi if you want to disconnect you cannot be outside. Outside is the thicket of hazards that hook themselves carefully into your pockets and make you bleed, slowly, gracefully.

He put on that song so terrible, Gangnam style, because he is Korean, and I laughed and laughed and then provoked that laughter, so that in the end it was norms of courtesy: him for making me laugh, me for making him feel funny, all like, very cute, very sweet, very lonely, that's it.

The first time I walked into his apartment, in the neighborhood of Westland, I went upstairs talking about Chinese people.

-Do not speak of the Chinese- he said- all my neighbors are Chinese.

He opened the door and it smelled like Chinese restaurant. It smelled like soy sauce. And there was a bike. And he had three computers open and everything messy. I sat on the couch. There were remnants of noodles on the table. He picked them up and asked me what I wanted to do. I looked around. It was not at all a Kenyan home, it was like being abroad, on vacation, anywhere else in the world. I took off my shoes and lay down on the couch while he watched me, standing with his hands in his pockets.

-Do European like Asians?- me asked me.

I smiled.

- I mean, what do you think of us in Europe?- he insisted.

-Do you mean me or people in general?- I wanted to know.

- Both- he replied.

-OK. People say that you eat cats and dogs and are very smart at math and have small cocks- I said.

-And you?- he smiled- what do you think?

- I've never seen anyone eat dog or cat. You are smart at math but I cannot generalize. I have never seen an Asian cock- I replied.

He sat next to me on the couch. And stroked my hair.

-Keep talking, please- he asked me quietly.

- About what?- I yawned.

- I do not know- he said- it is the first time in the three years I've been in Kenya that a friend comes home, the first time I'm not alone.

Then I spoke to him of the northern rivers in summer, tadpoles, the taste of fresh water, sunshine and overeating, fear of dying suffocated.

He closed his eyes and fell asleep. I went to the bathroom and saw a bottle of tranquillizers. Anxiolytics of those that kill you. The floor was wet and soaked my socks, so I returned to the living room leaving footprints.
I wrote I don't know what on a post-it, something about "I have to go, meeting, work, blah blah blah, call me, see you tomorrow."

I opened the door and he woke.

- Hey- he said- do you want to make love?


I stopped, with my back to him, with my shoes in my hand.

-That is so ambitious- I replied.

Then we were silent. I thought I was going to say something about his Asian cock, but he never said it.

I never saw him again because he got drunk and the alcoholic coma came; he became quite sad and returned to his country.

Today I ate at a Chinese restaurant, which has nothing to do with Korea, but the smell reminded me of Ryan's apartment. I smiled at seeing myself so whole, so playing the role of woman-who-knows-where-her-life-goes, when just two months ago I lay on the couch letting my friend look at me, letting him touch me, to feel that I was still alive, to make him feel that he was still alive. Thus the two of us, struggling to be more than biological waste, pathological beings condemned to be sad, to be alone. And after I looked in the mirror of the elevator, and my mascara had run. I came home and put on porn, and looked for Asians having sex and had a mediocre orgasm, with an exotic air, as if still being a little savage and not a domestic girl.





2 comments:

  1. Todo lo doméstico tiene algo de salvaje, y viceversa.
    Besos dulces (me encantan éstos posts bilingües).


    M.

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  2. Es un texto tan triste como bueno. Es inevitable trasladarse al sofá y mirarle la entrepierna a Ryan. Tengo que aprender cuales son las pastillas de sentirse sola o de matarse un rato. En cualquier caso, ninguna debe saber demasiado bien.

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