Monday, 4 March 2013


We could have lived a quiet life, of those that are lived in the brief interval between the warm bed and the marble slab.

But we are broken, and our bed smells like tear gas, not like perfume. We don't know a better life than to gamble it for a story, a photograph, a damaged body to heal, a mind to appease.

They say: What a shame, so young and so crazy.

They say: Marry, have stupid children, eat hamburgers, get depressed.

And we wave like a flag warrants and death threats. Like a guarantee that we are not packaged meat. We grow old on planes and in books. We collect scars. From time to time we love each, beyond the cliché of love.

Sometimes in the evening I rest my head in your lap, and trembling I propose you to take me to a hospital. Where always I am admitted, deciding that I am tired and I do not want to live, my love, but I never manage to die. Always the fever lowers. Always the doctor smiles, signing a new sentence.

I despise my flesh, which limits me, that is clumsy and stumbles, that is white and betrays me. My prison is this skin full of patches that only serves to fall in love and remind me of the miles that separate me from that mind of yours that I feel so mine.

Violence climbs us like parasites. We are dogs made before death sublime. Young and crazy surviving in this reality made of rags.


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Podríamos haber llevado una vida tranquila, de esas que se viven en el intérvalo breve entre la cama cálida y la lápida de mármol.

Pero estamos rotos, y nuestra cama huele a gas lacrimógeno, no a perfume. No conocemos mejor vida que jugárnosla por una historia, una fotografía, un cuerpo dañado al que curar, una mente a la que apaciguar.

Dicen: Qué lástima, tan jóvenes y tan locos. 

Dicen: Casaos, tened hijos estúpidos, comed hamburguesas, deprimíos. 

Y nosotros blandimos por bandera órdenes de arresto y amenazas de muerte. Como garantía de que no somos carne envasada. Nos hacemos viejos en los aviones y en libros. Coleccionamos cicatrices. De vez en cuando nos amamos, ajenos al lugar común del amor.

A veces al atardecer apoyo la cabeza en tu regazo, y temblando te propongo que me lleves a un hospital. Donde siempre ingreso, decidiendo que estoy cansada y que no deseo vivir, mi amor, pero nunca consigo morir. Siempre baja esa fiebre. Siempre el médico sonriente, firmando una nueva condena.

Desprecio mi carne, que me limita, que es torpe y tropieza, que es blanca y me delata. Mi cárcel es esta piel llena de remiendos que sólo sirve para enamorarse y recordarme los kilómetros que me separan de esa mente tuya que siento tan mía.

La violencia nos trepa como parásitos. Somos perros rendidos ante la muerte sublime. Jóvenes y locos sobreviviendo en esta realidad hecha de jirones.

2 comments:

  1. Es esto mejor a salvarse...creo. Abrazo

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  2. "…but I never manage to die."

    Sí, sé a qué te refieres. Pero luego es el sol y cupcakes y los lilbro y la playa y el cabalgar y las fotos y un amanecer y una puesta de sol o el tacto del gato. O de una piel amiga. Ese perfume.

    Todo y nada.

    Y el llanto de una nueva vida. Y un acuerdo interesante. Y esa frase en esa escena.

    Plenitud y vacío.

    Se te sale la vida por esos ojos tuyos.

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