Monday, 6 May 2013

Disease imitates the world, my love.

I look to the gene. To science. I learn every day of your breath.

I read about the hypothalamus. I learn by heart a thousand hormones, and then I wonder how I have been able to be so brave, how I have been able to dare to talk of feeling before knowing that the flesh does not consist of mysteries, that everything is more simple.

I thought of love like a line of flight, like something grand and inexplicable. I said heart. I said chest. I said universe and abyss. But it turns out that everything is located in reactions. It turns out that that it is deterritorialization of blood. Relationships between chemicals and organs, which converge and become activated.

Disease is a window to the world. But we are sad and small, so we break it and deny it. Paracetamol to lower fever. Who demonized fever? Fever is struggle. Fever is to become war. We deny the binary of the flesh and invent drugs, angles, and love, that stupidly explain why chaos, why suffering, where dignity.

And thus we go surrounding ourselves with refrigerators and junk food. And with love of misty eyes and sleeping brains. And egos and bars. And antidepressants and caffeine.


But the symptom haunts us. It remains the only, the most pure universal concept. It is there, at the head of our beds pointing out the way. Explaining to us, briefly, in the form of prayer, that we are this or that. That we are not bad. That we only are.


That love is the transfer of genes and that is enough. That to love consists of "it is worth your while to share my viruses, my bacteria, my miseries." And that is lovely. It is beautiful.

Why do we need then stupid metaphors? If flesh and flu are powerful enough to justify that you and I make of our trash a new world. That we make of the weed a tree, to then die sincere and lucid.

We will leave the rest (love, hysteria, faith) on the table of McDonald's. I do not need magic. I need the sickness.

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La enfermedad imita al mundo, mi amor.

Me asomo al gen. A la ciencia. Aprendo todos los días de tu aliento.

Leo sobre el hipotálamo. Me aprendo de memoria mil hormonas, y entonces me pregunto cómo he podido ser tan osada, cómo he podido atreverme a hablar del sentir antes de saber que la piel no consiste en misterios, que todo es más simple.

Pensaba en el amor como en una línea de fuga, algo grandioso e inexplicable. Decía corazón. Decía pecho. Decía universo y abismo. Pero resulta que todo está localizado en reacciones. Resulta que se trata de la desterritorialización de la sangre. De relaciones de químicos y órganos, que convergen y se activan.

La enfermedad es una ventana al mundo. Pero somos tristes y pequeños, así que la quebramos y la negamos. Paracetamol para bajar la fiebre. ¿Quién satanizó la fiebre? La fiebre es lucha. La fiebre es devenir en guerra. Negamos lo binario de la carne e inventamos las drogas, los ángeles y el amor, que explican tontamente por qué el caos, por qué el sufrir, dónde lo digno.

Y así nos vamos rodeando de frigoríficos y comida basura. Y de amor de ojos empañados y cerebros dormidos. Y de egos y de bares. De antidepresivos y cafeína.

Pero el síntoma nos acecha. Sigue siendo el único, el más puro concepto universal. Está ahí, en la cabecera de nuestras camas señalándonos el camino. Explicándonos, brevemente, a modo de oración, que somos esto y lo otro. Que no somos malos. Que sólo somos.

Que el amor es transferencia de genes y eso es suficiente. Que amar consiste en "te merece la pena compartir mis virus, mis bacterias, mis miserias". Y eso es bello. Es hermoso.

¿Por qué necesitamos entonces de estúpidas metáforas? Si la carne y la gripe son suficientemente poderosos para justificar que tú y yo haremos de nuestra basura un nuevo mundo. Que haremos de la mala hierba un árbol, para luego morir sinceros y lúcidos.

Dejemos el resto (el amor, la histeria, la fe) en la mesa del Mc Donals. No necesito de magia. Necesito lo enfermo. 

1 comment:

  1. El mundo explicado a la luz de los opuestos.
    O sentido.

    Aunque no sea suficente para mantenerlo bajo control. Porque se mueve de un extremo a otro en milisegundos.

    Salud-Enfermedad.
    Amor-Odio

    Somos magia y brujería en series d espirales d ADN. Y mucho más, en algo incomprensible e inaprehensible q (dicen) pesa solo 20 gramos.

    Haz rebotar piedras planas en el Athi. Cuenta la tradición q cura el mal del alma.

    Un beso.

    Nakupenda, Eme.

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