Thursday, 2 May 2013

I vomited into a plastic trashcan while the Arab surgeon held my hair back.

Night was falling in Kitengela. My hands smelled of Masala and Royco, I had been cooking rice while the sun shined on the river and some kid played in my kitchen. My hair smelled of ginger and of salt. I got into bed, under the mosquito net, and I told him: cure me. I offered myself white and the carnage began: my veins broke with the IVs, and I bled over the sheets. The Arab surgeon was nervous because he was unable to manipulate my weird flesh.

We spend the night playing with my sickness. Like noble beasts. Like owners of some type of knowledge that turns us into immortals. But in the morning I was exhausted. And every butcher knows that the bad begins always in letting oneself fall on the couch, the deterioration always begins in the living room.

We were unable to save me. I ended up like always in the hospital in Nairobi, where the rumor of my broken veins was confused with cleanliness.

I again was cured in that lying hospital that insults the honesty of malaria. Once again.

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Vomité en una papelera de plástico mientras el cirujano árabe me apartaba el pelo.

La noche caía en Kitengela. Mis manos olían a Masala y a Royco, había estado cocinando arroz mientras el sol se derramaba sobre el río y algún niño jugaba en mi cocina. Mi pelo olía a gengibre y a sal. Me metí en la cama, bajo la mosquitera y le dije: cúrame. Me ofrecí blanca y comenzó la carnicería: mis venas se quebraban con las vías y sangraba sobre las sábanas. El cirujano árabe se revolvía nervioso al no poder manipular mi carne rara.

Pasamos la noche jugando con mi enfermedad. Como bestias nobles. Como dueños de algún tipo de conocimiento que nos convertía en inmortales. Pero al amanecer yo estaba agotada.. Y todo carnicero sabe que el mal comienza siempre en dejarse caer sobre el sofá, la derrota siempre empieza en el salón de la casa.

Fuimos incapaces de salvarme. Acabé como siempre en el hospital de Nairobi, donde el rumor de mis venas rotas se confundía con la limpieza.

Me volví a curar en ese hospital mentiroso que insulta a la honestidad de la malaria. Otra vez.

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