Thursday, 2 May 2013

The back seat of my car smells of drunk and wounded man. It is an exposition of  bacteria that I try to disguise with this or that air freshener.

But the blood won't come out.

Men tend to decompose between my hands, and they make me feel miserable, at times, because they inspire sad images of the minuteness and untimeliness of the event: 

A-man-decomposes-between-my-hands.

In a minute. 

Then I am left alone with a handful of worn-out flesh, in the car, in the house, in the hospital. My reward is always flesh, never a heart. Never a mind.

And thus, the men wounded and drunk, take root in my, turning me into devalued territory, making me feel like a tomb and not a maternal bed. My arms cradle men who come to me to die. I am twenty-four, and in the back seat of my car more men have have died than have cum.

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El asiento trasero de mi coche huele a hombre borracho y herido. Es una exposición de bacterias que intento disimular con tal o cual ambientador.

Pero la sangre no sale.

Los hombres tienden a descomponerse entre mis manos y me hacen sentir desgraciada, a veces, porque me inspiran imágenes tristes de lo microscópico e intempestivo del acontecimiento:

Un-hombre-se-descompone-entre-mis-manos.

En un minuto.

Entonces me quedo sola con un manojo de carne gastada, en el coche, en la casa, en el hospital. Mi recompensa es la carne siempre, jamás un corazón. Jamás una mente.

Y así, los hombres heridos y borrachos, se enraízan en mí, volviéndome territorio devaluado, haciéndome sentir tumba y no lecho materno. Mis brazos acunan hombres que vienen a mí a morir. Tengo veinticuatro años, y en el asiento trasero de mi coche han muerto más hombres de los que se han corrido.

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