Sunday, 7 July 2013

(c = 3 x 10^10 cm/s)

 On the kitchen counter are the beer bottles, empty. I grab a mango and nibble while I make tea and think that I'm dying for a cigarette. But it is idiotic to begin smoking at my age, so I forget and I store in my memory the desire, the smoke, the calm.  

 A girl at the orphanage pointed at a bulb and said: Look, it's God. Then she peed on me because to go to the bathroom she would have to get out of my arms. I did not mind because I love her. And love is this: to be stained with each other.  

When I left the orphanage some children were praying: look at us, they said to God. And they believed it a lot. They said look at us softly pleading. I was dying of anguish. I can stand blood and guts. I can stand agonizing vomiting. I can stand death. But see children praying made me feel a hurt that went through me at the speed of light (c = 3 x 10^10 cm/s) and ruined my composure. I drove wishing that God existed and would look at those kids. I wanted to invent them a god with open eyes and hands of flesh.

Then while having tea in the light of the candles (not for romanticism; electricity in Kenya plays hard to get), I thought again that I am responsible for twenty
children who pray and are hungry. And look at me with eyes open believing in me. That hug me and feel that I am home. Then I sent dignity to go fuck itself, I lit a cigarette, and blew the smoke towards the stars, just in case some god was watching and understand my breath as a distress signal. And nothing more.

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Sobre la encimera de la cocina están las botellas de cerveza, vacías. Cojo un mango y lo mordisqueo mientras hago té y pienso en que me muero por un cigarrillo. Pero es de gilipollas empezar a fumar a mi edad, así que me olvido y guardo en mi memoria las ganas, el humo, la calma. 

 Una niña en el orfanato ha señalado una bombilla y ha dicho: Mira, es Dios. Después se me ha hecho pis encima porque para ir al baño tenía que deshacerse de mi abrazo. No me ha importado porque la amo. Y el amor es eso: mancharse del otro. 

 Cuando me he ido del orfanato algunos niños rezaban: míranos, le decían a Dios. Y se lo creían mucho. Decían míranos suplicando en bajito. Me moría de angustia. Aguanto sangre y vísceras. Aguanto vómitos agónicos. Aguanto la muerte. Pero ver a los niños rezando me ha hecho sentir un daño que me ha atravesado a la velocidad de la luz (c = 3 x 10^10 cm/s)  y me ha arruinado la compostura. Conduje deseando que Dios existiera y mirara a esos críos. Quise inventarles un dios de ojos abiertos y manos de carne.

Entonces tomando el té, a la luz de las velas (no por romanticismo; la electricidad en Kenia se hace de rogar), volví a pensar aterrada que soy responsable de veinte niños que rezan y tienen hambre. Y me miran con los ojos abiertos creyendo en mí. Que me abrazan y me sienten hogar. Entonces mandé la dignidad a tomar por culo, me encendí un cigarrillo y expulsé el humo hacia las estrellas, por si acaso algún dios estuviera mirando y entendiera mi aliento como una señal de auxilio. Y nada más.

4 comments:

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  2. Te entiendo, sabes?
    Pero no cargues sola con esa responsabilidad. Somos corresponsables. No estáis únicamente el cielo y tu angustia. O un Dios que no mira.
    Estamos aquí. Míranos. Apóyate. Déjanos tus manos.
    Será largo, lento, pero será.
    Un beso Eme.

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  3. ... ya sabes, M, eso que dicen: todos los seres humanos llevamos impresos, más aún indeleblemente que el ADN, ciertas ansias: el ansia de libertad, el ansia de mejorar nuestra situación y ser felices, el ansia de comunión con algo o alguien y el ansia de Dios................. son esas ansias la que nos hacen humanos y es imposible eliminarlas u olvidarlas. Y mira que lo han intentado, pero nada, ahí siguen.

    P.S. En la foto que sales con "the best poet in Kenia" has llegado a tu cumbre, es imposible dar una imagen de más felicidad y más estar llena por dentro.

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  4. Dios miró a esos niños y se sintió conmovido. Por ello le envió a su mejor ángel, joven, agnóstica, poeta, médico, dura por fuera y tremendamente tienda por dentro. Cuando ella mira al cielo pidiendo auxilio, Dios calla. El silencio de Dios.
    Muchos podemos dormir cada noche porque sabemos que ella, y algunos otros como ella, están en Kenia y en tantos lugares tan hermosos y tan terribles a la vez.
    Dios calla y sabe que ella no sólo salva a esos niños, nos salva a cada uno de nosotros.
    Ante tanta responsabilidad hasta el mimo Dios no puede sino callar.

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