Monday, 5 August 2013

I do not belong anywhere

Docility is a form of survival as cowardly as the tinted windows of my car. But oh how well they work! Transparency only serves as a shroud, there is no need to expose the visceral in a country like this.

That's why I am sad and work in a happy fiction, that and because the children and the patients have no need to be victims of the fact that my personal life has burst. Everything bursts lately, doesn't it. Pipes burst, people burst, my throat bursts from silencing your name so much, so either I vomit you or I swallow you, but you cannot stay there.

I do not belong anywhere, and I don't think I care; everyone gets hurt the same anywhere in the world. A car is a good place to belong. I drive between Kitengela and Athi River at 10km/h behind a bus called "Jesus is the answer", and I find it funny. The bus is a great answer full of passengers. Answers are that: large and easy things that take you effortlessly, across primary and terrifying impulses, making you feel safe. Shit for general audiences. Answers are only good for sleeping, who would want to sleep in a world full of dangerous and exciting things?

Dangerous and exciting things like drying snot on one's sleeve while trying to overtake, for example.

Dangerous and exciting things like looking for a damn gynecologist. I asked F if any of the hospital's gynecologists could see me. The answer was a resounding NO.

- Do not go to them, they'll hurt you- she warned me.

I began to imagine how the fuck they could harm me. When my mind was already in the category "large, sharp apparatuses" F relieved me of doubt.

- You're not a virgin and you're not married, so they will tell everyone that you are a bad girl- she explained.

Wonderful. I live in a country where evil resides in sex, not in the mind.

My phone rang and I didn't look at it. Not because I was driving, but because the car is my temple. It is my sacred place. Blood has been spilled in it, tears have been shed, and I have eaten bread. It is my refuge. A place where I can be in silence. Where I can not answer calls. Where I can be sad and be bad, all of it protected by tinted windows and trained docility.

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La docilidad es una forma de supervivencia tan cobarde como las ventanillas tintadas de mi coche. ¡Pero qué bien funcionan! La transparencia sólo sirve de mortaja, no hay que exponer lo visceral en un país como este.

Por eso estoy triste y trabajo en una ficción alegre, por eso y porque los niños y los pacientes no tienen por qué ser víctimas de que mi vida personal haya reventado. Revienta todo últimamente, ¿verdad? Revientan las tuberías, revientan las personas, me revienta la garganta de tanto callar tu nombre, así que o te vomito o te trago, pero ahí no te puedes quedar.

No pertenezco a ningún sitio, y creo que no me importa; todo el mundo se hiere igual en cualquier parte del mundo. Un coche es un buen sitio al cual pertenecer. Conduzco entre Kitengela y Athi River a 10km/h detrás de un autobús que se llama "Jesus is the answer" y me resulta gracioso. El autobús es una gran respuesta llena de pasajeros. Eso son las respuestas: cosas grandes y fáciles que te llevan sin esfuerzo, a través de impulsos primarios y aterradores, haciéndote sentir a salvo. Mierda para todos los públicos.  Las respuestas sólo sirven para dormir, ¿quién querría dormir en un mundo tan lleno de cosas peligrosas y excitantes?

Cosas peligrosas y excitantes como secarse los mocos con la manga mientras tratas de adelantar, por ejemplo.

Cosas peligrosas y excitantes como buscar un maldito ginecólogo. Le pregunté a F si alguna de las ginecólogas del hospital podría verme. La respuesta fue un NO rotundo.

- No vayas a ellas, te harán daño- me advirtió.

Empecé a imaginar cómo cojones podrían dañarme. Cuando mi mente ya estaba en la categoría "aparatos grandes y afilados" F me sacó de toda duda.

- No eres virgen y no estás casada, así que le dirán a todo el mundo que eres una mala chica- me explicó.

Maravilloso. Vivo en un país en el cual la maldad reside en el sexo, no en la mente.

Mi móvil sonó y no lo miré. No porque estuviera conduciendo, sino porque el coche es mi templo. Es mi lugar sagrado. Se ha vertido sangre en él, se han vertido lágrimas, y he comido pan. Es mi refugio. Un lugar donde puedo estar en silencio. Donde puedo no contestar las llamadas. Donde puedo estar triste y ser mala, todo ello protegida por ventanas tintadas y docilidad entrenada.



1 comment:

  1. ¡el ciberenamoramiento bloguero es mutuo!
    un abrazo,
    i.

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