Sunday, 15 September 2013

Disinclination to live


There are those who say transit as if it didn't matter. As if blood didn't make noise when passing through veins. Transit is what matters, what grazes, what leaves a mark. To remain, when all is said is done, is inertia and wind and hot food and I'll love you forever (forever means I'll kiss your chest when it turns into fallen leaves). Inertia is so beautiful, it's so beautiful to remember where you left the keys and the exact drawer where the condoms are. I forgot where I put the ibuprofen. If belonging is memory then I belong to a hallway.


Hallways are easy because you can't stay, but you never think: hey, I cannot stay. That's it, that is freedom: an endless hallway, to not belong, tiredness and at the end of the day trembling and certainty: Freedom doesn't entail happiness, but no one says otherwise, because if not even freedom is synonymous with happiness, we're fucked.

The children's breath smells like drowning. They exhale air that carries their bad dreams and remnants of Koch's bacillus. And I feed off the air, I live off that air that comes from those bodies so small and broken. One girl is obsessed with my veins being blue, she wants to cut them and see what happens. Look girl, if you cut my veins, we are lost; we will stain everything, and cleaning is expensive. Who will buy more disinfectant?


One day someone struck my face and I bled. I destroyed my favorite shirt. I took an hour and a half in removing the stains, the next day, kneeling in front of the river. Women carried fruit on their heads and sang. Men molded the earth to their liking. There were zebras in the distance. I scrubbed a lot, beyond the stain, as if I wanted to make the fact and the damage disappear also. I tore the shirt, but I didn't throw it away. I look at it to remember what happens when I'm bad. And I chew gum, continuously, for fear that on my breath be detected my disinclination to live.

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Hay quien dice tránsito como si no importara. Como si la sangre no hiciera ruido al pasar por las venas. El tránsito es lo que importa, lo que roza, lo que deja señal. Permanecer al fin y al cabo es inercia y viento y comida caliente y te querré para siempre (para siempre significa besaré tu pecho cuando sea hojarasca). Es tan hermosa la inercia, tan bello recordar el lugar donde se dejan las llaves y el cajón exacto donde están los condones. He olvidado dónde puse el ibuprofeno. Si pertenecer es memoria entonces pertenezco a algún pasillo.

Los pasillos son fáciles porque no puedes quedarte, pero jamás piensas: hey, no puedo quedarme. Eso es, en eso consiste la libertad: un pasillo interminable, la no pertenencia, el cansacio y al final del día el temblor y la certeza: Libertad no conlleva felicidad, pero nadie dice lo contrario, porque si ni siquiera la libertad es sinónimo de felicidad, estamos jodidos.

El aliento de los niños huele a ahogo. Exhalan aire que arrastra sus malos sueños y restos del bacilo de Koch. Y yo me alimento de ese aire, vivo de ese aire que sale de esos cuerpos tan pequeños y tan rotos. Una niña se obsesiona con mis venas por ser azules, quiere cortarlas y ver qué pasa. Mira niña, como me cortes las venas estamos perdidos, vamos a mancharlo todo y limpiar es caro. ¿Quién va a comprar más desinfectante?

Un día alguien me cruzó la cara y sangré. Destrocé mi camisa preferida. Tardé una hora y media en quitar las manchas, al día siguiente, arrodillada frente al río. Las mujeres llevaban fruta sobre sus cabezas y cantaban. Los hombres moldeaban la tierra a su antojo. Había cebras a lo lejos. Froté mucho, más allá de la mancha, como si quisiera hacer desaparecer también el hecho y el daño. Rompí la camisa pero no la tiré. La miro para recordar lo que pasa cuando soy mala. Y masco chicle, continuamente, por miedo a que en mi aliento se detecten las pocas ganas de vivir.






1 comment:

  1. Tránsito. Cambio. Fluir constante.

    Eso somos. No es nuevo. Heráclito ya lo decía…

    Hacemos como que permanecemos tenemos cosas como si eso pudiera arraigarnos a algo. Amamos pensando en la pervivencia. Tenemos hijos como si fuera cierto eso de perpetuarse en ellos.

    Pero solo somos tiempo, encerrado en un cuerpo que, como la arena del reloj, escapa hacia otro lado. 'La materia no se crea ni se destruye, se transforma'. Se transforma en qué?

    Lo sabes tú Eme?

    Esos niños. Mtoto. Orphanage. África en ocre, verde y azul. Y los cielos incendiados. Y el río.

    And life goes on…

    Nakupenda Eme tamu.

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