Monday, 18 November 2013

بحبك

I am kneeling in front of Beatrice's ass. In one hand I hold the Nokia flashlight, and in the other a suppository that falls apart almost as fast as your memory. (What I cry in the morning are not tears, they are your remains). I take care of Beatrice with the same shame that I take care of my plants in Madrid: knowing they will die, even if they blossom every now and then.

Beatrice says she just wants to sleep. She pulls up her pants and sits, looking at me very intently. I sit on the couch, scaring off the odd bug, and I start cutting diazepam pills in half. Pills like moons. Pills with which I want to sew Beatrice to earth. Moor her strong, very deep: beyond plumbing for shit, beyond the wells of pure water. Far, far beyond.
I think of my father, who once tied a lovely balloon to the leg of a table at Retiro. I have never experienced such a strong feeling of security: the balloon was not going to go because my father had tethered it for me. For me. The sun was so strong that day that the plastic degraded and the balloon exploded. A horrible noise. And the table full of colorful wet shreds. And my sense of injustice, of not understanding anything. -We'll buy another- said my father. That moment I knew that the world was shit.

One day I will get here, I'll pass through all the rubbish that shows me the way to her home, and I will find her dead. I feel like a scavenger prowling. It will be summer, as always, and I'll wish that her theories about God are false. The God of Beatrice is ashamed of her, and of me, and all of us who carry sin as a race. And that's really tremendous. There is nothing more violent than race, nothing more irreversible.

Beatrice is asleep when I leave. I wash my hands, and I go to eat. I hate getting spam on my phone, and I get pissed off. The car air conditioning does not work. I have stomachache, and I have learned to say "I love you" in Arabic. I have learned to read Arabic. Languages ​​keep me tied to the earth. In each one of them I find a shelter.
Spanish is my mother's womb, it is the missed opportunity to not be. How could I have known that life was something so deformed? Wombs are deceit, like drugs, like love.
Swahili is the sorrow of my father and his African river melancholy, his fridge full of expired milk, his big hands and strong wooden heart.
English is blood on the sheets and wounded lips.
And Arabic is going back to being a girl, back to the pleasure of deciphering, of vocalizing slowly. The pleasure of mistakes. And the world expanding, as if it were infinite, upon each correct answer.

بحبك بحبك  بحبك بحبك  بحبك  بحبك
 
See Beatrice? Thus I forget you: At 27 m per second, the speed of neural conduction. One moment you invade me entirely, like an aqueous solution and the next moment you disappear. We are thus: liquids running through bodies and minds until we are expelled from paradise. Oh Beatrice, I too am forgotten. I too am eliminated as if I was urine and flushed down the toilet. We are contained. And our lives garbage bags.

Don't die yet, Beatrice.

----------------------------------------------------------------------

Estoy arrodillada ante el culo de Beatrice. En una mano sostengo la linterna del Nokia, y en la otra un supositorio que se deshace casi tan rápido como tu recuerdo. (Lo que lloro por las mañanas no son lágrimas, son tus restos). Cuido a Beatrice con la misma vergüenza que cuido a mis plantas en Madrid: sabiendo que van a morir, aunque florezcan de vez en cuando.

Beatrice dice que sólo quiere dormir. Se sube los pantalones y se sienta, mirándome muy fijamente. Yo me siento en el sofá, espantando alguna que otra chinche, y me pongo a partir pastillas de diazepam por la mitad. Pastillas como lunas. Pastillas con las que quiero coser a Beatrice a la tierra. Amarrarla fuerte, muy profundo: más allá de las cañerías de mierda, más allá de los pozos de agua pura. Más, más allá. Pienso en mi padre, que un día amarró un globo precioso a la pata de una mesa del Retiro. Jamás he experimentado un sentimiento tan fuerte de seguridad: el globo no se iba a ir porque mi padre lo había amarrado para mí. Por mí. El sol era tan fuerte aquel día que el plástico se echó a perder y el globo explotó. Un ruido horrible. Y la mesa llena de trocitos húmedos de colores. Y mi sensación de injusticia, de no entender nada. -Compraremos otro- dijo mi padre. En ese momento supe que el mundo era una mierda.

Un día voy a llegar aquí, voy a atravesar toda la basura que me indica el camino a su casa, y me la encontraré muerta. Me siento como un ave carroñera merodeando. Será verano, como siempre, y desearé que sus teorías sobre Dios sean falsas. El Dios de Beatrice se avergüenza de ella, y de mí, y de todos los que llevamos el pecado como raza. Y eso es algo muy tremendo. No hay nada más violento que la raza, nada más irreversible.

Beatrice duerme cuando me voy. Me lavo las manos y me voy a comer. Me revienta recibir spam en el móvil y me cabreo. El aire acondicionado del coche no funciona. Tengo gases y he aprendido a decir "te quiero" en árabe. He aprendido a leer en árabe. Los idiomas me mantienen amarrada a la tierra. En cada uno de ellos encuentro un refugio.
El español es el vientre de mi madre, es la oportunidad perdida de no ser. ¿Cómo iba a esperar que la vida fuera algo tan deformado? Los vientres son engaño, como los fármacos, como el amor.
El swahili es la pena de mi padre y su melancolía de río africano, su nevera llena de leche caducada, sus manos grandes y el corazón de madera fuerte.
El inglés es sangre en las sábanas y herida en los labios.
Y el árabe es volver a ser niña, volver al placer de descifrar, de vocalizar despacio. El placer del error. Y el mundo expandiéndose, como si fuera infinito, en cada acierto.

بحبك بحبك  بحبك بحبك  بحبك  بحبك

¿Ves Beatrice? Así te olvido: A 27 m por segundo, la velocidad de la conducción neural. Un instante me invades entera, como solución acuosa y al instante siguiente desapareces. Así somos: líquidos que recorren cuerpos y mentes hasta que somos expulsados del paraíso. Ay Beatrice, a mí también me olvidan. A mí también me eliminan como si fuera orina y tiran de la cisterna. Somos contenidos. Y las vidas nuestras bolsas de basura.

No te mueras todavía, Beatrice.



1 comment:

  1. Olvidos, ríos, lluvia, nada.
    Idiomas que enriquecen, como tesoros brillantes que nadie podrá arrebatarnos.
    Y tus manos finas y elegantes frenando la miseria…
    Cuídate

    ReplyDelete