Saturday, 2 November 2013

Lullaby

May life be worth everything but the pain for you kids.
May it be worth the mud in the rainy season;
may it be worth the disgust of the people;
may it be worth the chance, the chaos, the crazy races,
and the brave trembling.

May life be worth everything,
including an empty stomach.
May your childhood be filled with eternal and infinite things;
like Springs as small as life, like smiles as big as loves.

Like raw beauty, the cruel kind.
The kind that deserves punishment according to the divine laws,
that men invent when they are sad murmurs.

May the television stop calling you poor.
may the ignorant vomit their pity onto their tables,
and not onto your land.
May no one look at you.
May no one tie you.
Burn your shoes;
they are black cages;
they are sad shadows.

Us adults are scared madmen,
who spend our life and our love searching the horizon.
Asphyxiated. Exhausted. Old.
Don't make noise, we tell you.
Don't be, we order you.
Clean your hands, child.
Don't laugh so much, child.

And we look out into the infinite,
and we count constellations
we learn a thousand languages,
we loose things all the time.We lose ourselves.
We lose you.
We turn you into us.
We educate you.
We annul you.

Because your eyes are clear and your light dazzles us.
Because you are truth and truth is the horizon; 

there to be contemplated, not possessed,
like the wings of a butterfly that are ruined by touch.

How scary real moments.
What fear to imagine myself in your eyes. 

How miserable, how ugly, how contemptible I imagine myself in your mind.
But how true. 

Do not look at me so much, kids, I'm dying of shame,
I've sold myself to sorrow.


May nothing be worth you suffering;
sorrows are an invention of men.
Growing up is only an excuse, is just a shield.

Be always children, be always water.
Be bird and murmur.
Lullaby.
Trembling branch.
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Ójala la vida os merezca de todo menos la pena.
Que os merezca el barro en la estación de lluvias,
que os merezca el disgusto de la gente,
que os merezca el azar, el caos, las carreras locas,
y el temblor valiente.

Ójala la vida os merezca de todo,
incluso el estomago vacío.
Ójala vuestra infancia se llene de cosas eternas e infinitas;
de primaveras pequeñas como la vida, de sonrisas grandes como querencias.
Como belleza crudita, de esa cruel.
De esa que merece castigo según las leyes divinas,
que inventan los hombres cuando son rumor triste.

Que la televisión deje de llamaros pobres.
Que los ignorantes vomiten su lástima sobre el mantel de sus mesas,
y no sobre vuestra tierra.
Que nadie os mire.
Que nadie os ate.
Quemad los zapatos,
que son jaulas negras,
que son sombras tristes.

Los adultos somos locos asustados,
que gastamos nuestra vida y nuestro amor buscando el horizonte.
Asfixiados. Agotados. Viejos.
No hagáis ruido, os decimos.
No seáis, os ordenamos.
Lávate las manos, niño.
No rías tanto, niño.

Y miramos allá al infinito,
y contamos constelaciones,
aprendemos mil idiomas,
perdemos cosas todo el rato.
Nos perdemos.
Os perdemos.
Os convertimos en nosotros.
Os educamos.
Os anulamos.

Porque vuestra mirada es diáfana y vuestra luz nos deslumbra.
Porque sois verdad y la verdad es horizonte;
existe para ser contemplada, no poseida,
como alas de mariposa que se arruinan con el tacto.

Qué miedo los momentos verdaderos.
Qué miedo imaginarme en vuestros ojos.
Qué miserable, qué fea, qué despreciable me imagino en vuestra mente.
Pero qué verdadera.
No me miréis tanto, niños, que me muero de vergüenza,
que me he vendido a la pena.

Que nada os merezca sufrir,
que las penas son invento de los hombres.
Que crecer es sólo excusa, es sólo escudo.
Sed siempre niños, sed siempre agua.
Sed pájaro y murmullo.
Canción de cuna.
Temblor de rama. 

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