Wednesday, 23 April 2014

El desierto


I  
El desierto es un paréntesis maldito  
entre el átomo y dios.  
Es el instante en el que sólo se mueven  
los animales que mastican la piel de los hombres  
que nacen tarde, viven tarde y mueren pronto. 

II
Sé que estoy condenada a esta tierra,
a esta parte del mundo, que es la tráquea
donde se ahogan los expulsados del paraíso.
Pérdoname porque he pecado.

III
Nací con la muerte atragantada
y en ese ahogo llegué a ti,
para que mi hambre alimente tu hambre,
y me uses, por ejemplo, como trampa o jardín.

IV
Mi piel blanca es tu inocencia,
así que guarda tus crímenes dentro,
entre la sangre, entre las tripas.
Conviérteme en tumba, en fábula, en barbarie,
pero hazme inmune al sentimiento.
Quiero sentir solo carne, sólo el peso de la arena.
Hazme parecer el asesinato del mundo.
Hazme parecer un instinto,
quítame las ganas de pedirle a dios que me salve.
Quítame a dios de la boca,
de la lengua,
hazme vomitar la esperanza que he tragado,
desde niña, como analgésico o agua salada.
Enséñame tus ejércitos, tus dunas.
Demuéstrame que la vida es tragar y cortar,
y tragar y cortar,
y ser pedazos de todos los hombres que han muerto.

V
Las viejas historias del desierto cuentan
que murieron cien mil hombres en la batalla
y su sangre cubrió las patas de los caballos.
Imagínate; el desierto encharcado.
Imagínate; los animales caminan
sobre la sangre y sobre las plagas.

VI
La tierra bendita, dicen otros,
tierra de ceremonias sagradas y hombres sabios.
Si así fuera, ¿qué iba a hacer yo con tanta bendición?
Se me acumularía en las glándulas
y mi boca se llenaría de llagas
de tanto esconder, de tanto callar, de tanta pureza
que no encuentra su sitio en este cuerpo horrendo.

VII
Me duele la garganta
por tanto hablar en la noche,
y que sólo respondan los fantasmas del mar seco.

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