Tuesday, 24 June 2014

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Te lo dije: somos un manojo patético de músculos y glándulas,
mira, asómate a esta carnicería de voluntades y tripas,
mira, estoy diseccionando un cuerpo con cuidado
para enseñarte que nos pudrimos al mismo ritmo que la basura.

Sin embargo, fíjate, entre las entrañas asoma una tristeza,
gélida como un feto deforme,
sin nariz, sin ojos,
pero con una mandíbula feroz para carcomer la esperanza.

Atragantado en la tráquea hay un malquerer
de esos de adiós en los puertos y sal en las sábanas,
un malquerer como una gaviota blanca y bella
pero siempre lejana.

Hay también una mala costumbre que supura
intentos de suicidio y babas y terrores nocturnos,
y veranos lentos y jadeantes
y cansancios que destrozan los párpados.

Y la voluntad, a medio digerir, en el estómago,
petrificada por no atreverse a alzarse
y evitar que el cuerpo sea mar de ahogados
y apretar de dientes.


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