Tuesday, 10 June 2014

Desierto V

Juré que viviría en desiertos y en selvas para deshidratar la tristeza, y creía que la inocencia es territorio árido y atroz donde no crece nada. Pero era tonta. Sigo como siempre, pudriéndome en cada trago que bebo. Rompiendo cosas. Rompiendo noches. Rompiendo rotos.

Creí en lo exótico. Tonta. A la selva la gente va a esconder cadáveres o a pasarse el sida, no a jurarse amor eterno.

Sin embargo miles de turistas vienen y suspiran, asistiendo a la vida.
Y no es vida. Es un holocausto.
El valor de una tierra se mide por sus guerras y sus muertos.
Cuanta más sangre derramada más turista.
Quizá quieran visitar mi cuerpo, entonces,
marcadito de picaduras de pulgas
y otras señales de perra.

Antes de convertirme en escombro también soñaba con ver ruinas.
Somos animales enfermos y acudimos en manada a apreciar la decadencia.
Porque es bella, dicen, cuando sucede en los muros y no en la piel.
Pero las pirámides son tumbas, amigos.
Son el fin.


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