Monday, 9 June 2014

El desierto IV

Desde que estoy en El Cairo me sabe la boca diferente. Pruébame. ¿Cómo puede ser que no notes la diferencia? El mundo cambia en la digestión. Ahora estoy hecha de sésamo y de jazmín, también de miel y del canto de las mezquitas. A veces me atraganto o me indigesto y te explico que en mi boca no cabe este  idioma. Que no me acostumbro. Que se me ha olvidado masticar. Que las palabras se me atascan en el paladar y se quedan ahí, podridas, alterándome la sangre hasta que las venas me revientan y salpico todo de cosas sucias, como miedos y locuras. 

Entonces vienes y me abrazas y me susurras "maalesh".

- ¿Qué significa?- te pregunto.

- Cuando estás triste yo te abrazo y te digo maalesh. Cuando estás enferma yo digo maalesh. Cuando tienes miedo yo te protejo y también digo  maalesh.

Entonces lo entiendo. El único propósito de aprender un idioma es el de amar diferente. Como un rezar a dioses nuevos, más piadosos, más cercanos a la desesperanza de lo humano, quizá.

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