Thursday, 31 July 2014

Couldn't take it anymore

A los 12 era fea y tenía granos en la cara, pero miraba el mundo desde encima de un caballo. Nada importaba, no importaba mi carne, no importaban mis muslos heridos, no importaba que el suelo se derrumbara; no necesitaba un suelo, necesitaba un campo de batalla.

A los 18 me bajé del caballo y supe que tenía un estómago sucio, supe de la putrefacción de la tierra, aprendí las convulsiones y los desgarros, empecé a depender de mi cuerpo y de mi lengua. Aprendí lo comestible y el veneno. Y te deseé en el sexo de los otros, te imaginé en orgasmos equivocados. Quiero irme, pensaba, pero mi piel pedía más. Más fuerte. El erotismo del mal me golpeaba los dientes, me golpeaba los pechos y el vientre, amenazaba con pararme el corazón. Miraba el mundo desde el centro de las entrañas, yo era el vientre descompuesto del mundo.

Después el doctor me quiso, y me obligó a comer, y me obligó a lavarme. Acaba conmigo, le pedí. Y me dio un caballo y una cama. Trabaja tu tierra, me dijo. Bebe del Nilo, bebe del agua donde los dioses ahogaron a sus hijos, bébete el semen de mi tierra, sé fértil. Sé fértil. Sé mía.

Así que trencé mi pelo rubio y cabalgué ordenada, aprentando los muslos y mirando hacia arriba. De nuevo niña sin carne, niña sin lengua, niña sin sexo. De nuevo vientre limpio, de nuevo hocicos suaves, de nuevo calambres en mi regazo y composturas para olvidar los cuerpos desmembrados, para olvidar la bilis y los vómitos. Olvidar que la baba parece esperma reseco. Olvidar que viví en el suelo y me infecté del barro de otros. Olvidar mi cuerpo. Ser sólo un vientre. Ser sólo leche.

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