Sunday, 19 October 2014

ER



De nuevo esta primavera crónica en Nairobi. De nuevo domingos de restos de fruta en los dedos. De exilio disfrazado de pensamientos hermosos, de taza de té caliente antes de ir a la cama, de sentirse a salvo. El amor es el truco inefable para no tener miedo. En mi hogar no entra el hambre, cierro las ventanas, cierro las cortinas. No quiero ver más. Lleno mi vientre de dulce y de ti, aunque a veces rezo para no engordar, para no engendrar.

Hacer del hospital un hogar es asimilar la mugre y lo estoy haciendo bien, lo hago muy bien. Comparto costillas, sangre y podredumbre con desconocidos que lloran en la noche. No llores, les ordeno. No llores, no llores, no llores. Llorar no sirve de nada, decía mi madre. Llorar no os va a librar de estas camas de hospital tan sucias, ni de la enfermera negligente, ni de mi pena, ni de mis ganas de dejar de miraros e irme a mi casa y cerrar las ventanas.

El hombre viejo de la habitación número 27 está muriendo y el doctor le dice qué bien te veo hoy y la enfermera le dice come que tienes que ponerte fuerte, y él se mea encima. Los hombres que se mean encima ya no tienen nada que perder, te miran a los ojos y se mean, se mean en tu amabilidad y en tu juventud y en los guantes que te separan de su piel. Quiero pedirle al hombre viejo de la habitación número 27 que no se muera delante de mí, que no sé rezar nada, que la muerte me llena la boca de flores y de tierra y no puedo decir ni adiós.

Mi casa está a veinticinco pasos de la sala de emergencias, pero cierro las ventanas y me engaño y pienso que es domingo y que es primavera. Pero aquí estoy, escribiéndoles a ellos. Escribiéndole a mi miedo y a mi vientre de azúcar y a la fruta que es también materia muerta, y a mi piel tan joven que se rompe y se mancha. Y al amor que me salva. Que me sana.

1 comment:

  1. El amor...uno puede estar mirando al abismo mismo y no sentir miedo...

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