Thursday, 20 November 2014

Desde el sótano del hospital VI

Cómo iba a saber que el paraíso huele a orines y a pus,
que la naturaleza es una costra que tapona a los muertos,
y que las frutas crecen de sus vientres, de sus ojos, de sus bocas.
Pobres niñitos que mueren de hambre para alimentar la tierra,
para endulzar mi boca amarga, tan llena de la enfermedad de los otros,
del olor de los otros.
La muerte riega el alimento,
y yo la engullo
para saciar este apetito que algunos llaman vida,
y otros asco.


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