Monday, 5 October 2015



1. Son las dos de la mañana y miramos hacia el mar. Qué hermoso el océano que no vemos. Qué hermosa mancha oscura; agua de piratas, agua cubierta de pétalos de flores, agua que arrastra a los pescadores hambrientos que no saben nadar. Agua que no vemos, como el amor y la placenta y la sangre y las ganas de llorar.

2. Una mujer da a luz en la playa; bebe leche de coco y suda sal. Larga vida a la felicidad obscena, larga vida a la sangre adolescente que convierte las olas en vino, larga vida a la excitación de todos mis órganos cuando navego, larga vida a las islas de flores y sexo, larga vida a la muerte bella y vieja cubierta de rezos, larga vida a las nanas en todas las lenguas del mundo.

3. La belleza y lo repulsivo se desmenuzan en mis ojos. Las tripas de los peces que se pudren en la orilla me recuerdan el aborto. Las moscas que sobrevuelan los restos, y brillan, me recuerdan el fervor de la vida. La existencia es de una fealdad inimaginable, pero está llena de la posibilidad de ti, de la posibilidad del exilio dulce, de la posibilidad del placer en cada tormento.

4. Los niños del Índico abren conchas con sus manos y se hieren los dedos. La sangre y el agua y el alimento. La infancia y los fluidos. La consagración de la tierra. La hemorragia irreversible que les hace hombres. Hijos de piratas y pescadores, hijos de de mujeres que traman la vida en canciones árabes. Niños-ola. Niños-pez.

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