Thursday, 22 October 2015

Me gustaría poder vaciar mi cabeza de todas las mujeres de sexo mutilado que me pueblan. Me gustaría poder ser el cuerpo de todas las mujeres de sexo mutilado que han visto mis ojos. Hacer de mí un templo.
Me gustaría ser sus dientes y destrozar las manos que las arrasaron.
Que las cosieron.
Que les dijeron no. No seas. No sientas. Tu cuerpo es una condena. Estás sucia.

Las mujeres que me pueblan se inclinan ante Allah y piden perdón,
con esas manos pequeñas que huelen a pan y a leche, como las mías.
Las mujeres que me pueblan me insultan por no poder sentir ya más.
me señalan porque es un malquerer lo que congeló el vientre,
no un cuchillo,
no un bisturí.

Las mujeres que trenzan mi pelo cantan canciones sobre la tierra materna
en lenguas extranjeras, como si tendieran puentes por los que poder volver al principio.
Pero siempre llegan tarde.
Siempre llegamos tarde.

Me miro en el espejo, hambrienta, y a veces en un gesto las veo.
Me cubro entonces el pecho,
me cubro el sexo,
se burlan de mí.
Las mujeres que me pueblan me han condenado a esta tierra,
a esta guerra, donde yo soy mi enemiga,
y mi cuerpo la víctima.

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