Saturday, 7 November 2015

I am not what I love. I am made of what I flee. Of what I cross out. Of what I heal. Of this country that is no longer a land; it is just an eternal spring hitting me, biting me, making me compulsive from the pain and of dying-sometimes.

I am swallowing you whole. You're turning me into a sea of hunger, of limits, of blind faith. You pray that I may look like the women that appear in the Sacred book, but carnivorous, but naked, but blasphemous, but yours, in you, in you.
You know that we are ignoring the consequences of this youth lived in hiding. We ignore the eyes that unravel our sins. We ignore the closed mouths. The progress of the grand city, the scientific discoveries, and the earth, and the rain, and the drugs. We only exist ourselves beautiful. Ourselves fallen. Ourselves relieving the strict upbringing.

You are a damned matchstick burning my fingers. But in what hands can I overflow without faking, who would bite my white flesh until I forget that I hurt so much without you.
I look for you every day, aware of the bad weather. And every night we say goodbye as if hurtling ourselves to the end of the world, pretending to be able to live one without the other. But my self-sufficiency and my pride don't manage to make me forget that peace only exists in us overflowing.

I naturally suspect tragedy: happy endings don't always mean orgasms, my dear. But for now no, don't clean me, because I want your remnants on my skin like something sacred and infinite. Bite me hard, hurt my skin, and make yourself exist in me.
Never leave me.

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No soy lo que amo. Estoy hecha de lo que huyo. De lo que tacho. De lo que curo. De este país que ya no es una tierra; es sólo una primavera eterna golpeándome, mordiéndome, haciéndome compulsiva del daño y del morir-a veces.

Estoy tragándote entero. Me estás convirtiendo en un mar de hambre, de límites, de fe ciega. Rezas para que me parezca a las mujeres que aparecen en el libro Sagrado, pero carnívora, pero desnuda, pero blasfema, pero tuya, en ti, en ti.

Sabes que estamos ignorando las consecuencias de esta juventud vivida a escondidas. Ignoramos los ojos que nos desentrañan los pecados. Ignoramos las bocas cerradas. El progreso de la gran ciudad, los descubrimientos científicos, y la tierra, y la lluvia, y las drogas. Sólo existimos nosotros bellos. Nosotros cayendo. Nosotros aliviando la educación estricta.

Eres una maldita cerilla quemándome los dedos. Pero en qué manos podría derramarme sin fingir, quién mordería mi carne blanca hasta hacerme olvidar que duelo tanto sin ti.

Te busco todos los días a sabiendas del mal tiempo. Y todas las noches decimos adiós como arrojándonos al fin del mundo, pretendiendo poder vivir el uno sin el otro. Pero mi autosuficiencia y mi orgullo no consiguen hacerme olvidar que la calma sólo existe en nosotros desbordados.

Naturalmente sospecho la tragedia; los finales felices no siempre significan orgasmos, querido. Pero por ahora no, no me limpies, que quiero tus restos en mi piel como algo sagrado e infinito. Muérdeme fuerte, hiéreme la carne y hazte existir en mí.

No me dejes nunca.

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