Monday, 9 November 2015

Los hombres que he conocido tenían diferentes dioses en la boca, pero los pecados siempre fueron los mismos; callados a gritos.
Alguien me cubrió el pelo, haciéndome virgen y caníbal a la vez. El amor no puede hacerse a frenazos, la vida huele entonces a goma quemada, como las ruedas de una ambulancia.
Alguien cerró los ojos mientras me limpiaba la boca, quería convertirme en pasado y yo estaba desnuda. No, así no. Le abrí los ojos y toqué fondo en ellos. Me vi tan fea, tan perdida.
Y así empezó la nueva vida, el nuevo ayuno, el nuevo rezo. Y yo jurándome no creer en nada mientras me curaba las rodillas, heridas de postrarme ante el dios que fuera; para que me quisieran, para ser perdonada en todos los cielos de la tierra.
Vivir el todo en exceso; el amor voraz y la pena por vocación. Quiero decirles a todos que su Dios también me creó a mí, me creó feria ambulante, pero carne de su carne. Me pudro al mismo ritmo que todos ellos, en otra lengua pero en la misma contienda. Malditos todos. Bendito miedo.





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