Wednesday, 2 December 2015

1. El poli llegó al hospital sangrando como un cerdo. Sucedió a la hora de comer. La enfermera joven se santiguó y miró al doctor asustada. La enfermera vieja tosió. El Doctor sacó la bala llena de desamores, colesterol y ácido. -Guárdala bien -me dijo. Y yo la dejé sobre la encimera de mi cocina.

2. Por la noche abro un bote de judías verdes importadas de Alemania. Hay que joderse; vivo en el centro de África y he acabado alimentándome de la misma mierda enlatada de siempre. El Doctor me pregunta que si he visto a alguien morirse de hambre. -Sí -respondo. Pero fue hace tanto tiempo que parece ficción, así que sigo comiendo sin quemarme la lengua, sin quemarme la pena. 

3. La bala sigue en el bote, al lado del azúcar, del cardamomo y el jengibre. Me da tanta sed no saber si el hombre ha muerto. Me da tanta hambre no saber qué hacer con ella. Me aterra que le crezca mala hierba a la sangre coagulada, que le crezcan recuerdos y me invadan la cocina. Lo malo de vivir en un hospital es que si gritas no escucha nadie. 

4. Un hombre importante se cubrió con un burka y vino a verme. Nos sentamos en la cafetería del hospital y dijo que me amaba. -¿No te pone nada que lleve un burka, verdad? -me preguntó. Los amores prohibidos existen en todas las religiones del mundo, eso debe ser Dios, y ya. Una enfermera comentó por la noche que mi amiga tenía voz de hombre. -Alhamdulillah -comenté en voz baja. 

5. He abierto sin querer el bote de la bala a las tres de la mañana. Pensaba que era mantequilla de cacahuete. Olía a los viejos hábitos del tipo; me asusté  al reconocerme en esa sangre podrida. Nunca, nunca me acostumbraré a los muertos. Ni al terror que me da estar viva. 






1 comment:

  1. Qué barbaridad todo, joder, qué barbaridad.

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