Monday, 21 December 2015

Tres días antes de Nochebuena


Cuando un paciente toca el timbre de su habitación resuena en toda la planta la melodía de "Para Elisa" de Beethoven. Nadie sabe quién es Beethoven, ni les importa; la melodía significa que un paciente está muriendo, que se ha cagado, tiene hambre o le duele mucho. Nunca significa gracias. Nunca buenas noticias. 

Me pone tan triste. 

El paciente de la habitación 413 se llama Peter. Es un paciente terminal. Esta mañana lloraba sus 80 años. 

-¿Qué te ocurre, Peter?- le pregunté.

-Echo de menos la comida de mi madre.

Una enfermera ríe. 

-Yo también echo de menos la comida de mi madre.- le confieso.

El paciente de la habitación 431 se llama Mohammed. Cuando despertó de la anestesia se cagó en la cama, cogió su mierda y me la esparció en la cara. 

Me dio igual. Me duché, comí y le dije a su hija: -A tu padre no le caigo bien. -No es culpa suya mi tristeza.- aclaré. 

La habitación está llena de familiares, somalís; después de tres semanas han empezado a hablar conmigo. La hija tiene una clínica en Somalia. Cura a niñas que se casan con diez años y vuelven con la vagina destrozada. Por las noches a veces se sienta conmigo y hablamos. Anoche me preguntó que por qué no me depilaba las cejas.

-Oh, me las depilo- contesté.

-Pero muy mal- observó.

Ahora debería estar depilándome las cejas y en vez de eso estoy escribiendo en el blog, no sé por qué.

En la habitación de pediatría hay una niña de 4 años desnutrida, que me coge la mano y se ríe. No tiene madre. El padre adora la televisión y apenas habla. Quiero abrazarla pero me da miedo que me contagie la Tuberculosis. Hace años, cuando era una chica utópica y feliz, no me daba miedo el contagio, pero la enfermedad ha acabado marcándome. 

Voy a pasar la Nochebuena en el hospital, sabiendo que soy afortunada, porque cuando todos duerman me iré a casa. Porque puedo irme a casa. 











1 comment:

  1. Hola, María. Sigo tu blog desde hace años. Nunca había comentado, pero es que lo que escribes me deja siempre sin palabras, y con la cabeza y el corazón revolucionado. Solo quería decírtelo, aunque imagino que ya sabrás que tus letras no dejan indiferente. Gracias por compartir lo que haces.

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