Thursday, 14 January 2016

Tengo una historia increíble encallada en la garganta. Va sobre un chiquillo de Sudán del Sur al que le han metido tres balazos: Uno en el culo, otro en la cadera, y el otro en la columna vertebral. Tiene preciosas cicatrices en la cara, queloides, que le hacen parecer un gato. No va a poder andar, ni controlar la orina, ni tener sexo nunca más. Fue una pelea entre tribus en Navidad. Se cargaron a 7. El hermano del chiquillo tiene veintiún años y ha matado a doce personas. -No son tantas -dice distraído. Me da miedo ofenderles y que me maten, joder. Me da miedo estornudar en su presencia.

Tengo otra historia sobre un salafista de esos de galabeya blanca implecable y barba larga sin bigote. Quiso casarse conmigo. Quiso que fuera su segunda mujer. Yo me reí muy fuerte y se ofendió. Después me ofreció sexo extramatrimonial y yo no acepté porque yo no sé de cuántos terroristas me he enganchado en las fronteras, pero ya no más. Mis reglas, que no son las de la vida, consisten en no quedarme embarazada, no pillar el sida y no enamorarme de tipos que matan. Y ya.

Mi agenda de contactos está plagada de asesinos.

Pero eso no me da miedo.

Lo que da miedo es que se haya vuelto rutina.


3 comments:

  1. Deberías animarte a publicar un poemario. Salvarías a la poesía de la decrepitud y la mediocridad; y de paso a muchos lectores. Un abrazo de fan acérrimo.

    ReplyDelete
    Replies
    1. Abrazo de vuelta! Me encanta tenerte por aquí :)

      Delete
    2. Abrazo de vuelta! Me encanta tenerte por aquí :)

      Delete