Saturday, 20 February 2016

La analista de seguridad explica con una sonrisa que vamos a aterrizar en zona de alto riesgo. Alto riesgo significa no elegir la vida; elegir, por ejemplo, el desierto. Elegir a los somalíes armados que mascan khat mientras disparan a las nubes. Elegir viernes en búnkeres. Elegir difamar este cuarto de siglo olvidando la palabra casa, la palabra madre, la palabra tierra, mi lengua, mi lengua, mi lengua.

Los soldados no hablan inglés, algunos tienen aún la adolescencia adornándoles los ojos, reciben 200 dólares al mes por jugar a matarse. Con el paso de los años dejan de postrarse ante Dios, pierden la fe y los dientes, sus corazones bombean alcohol y su hogar son los muslos de las putas.  "Los terroristas tienen mejores armas", me confiesa un crío al borde del coma etílico. "Nos van a matar a todos".

Pero mientras tanto el calor sofocante, la falta de agua, la diarrea.

El miedo a no tener miedo.

Las estrellas por la noche como cerillas para encontrar el camino.

Y estar en un lugar donde no quiere estar nadie.



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