Friday, 4 March 2016

Cuando era niña comía bocadillos de manteca colorá en Tarifa. Antes de que se me diera mal la vida, antes de la secreción de hormonas, antes de la cuchilla rasurando mis piernas, hiriendo estas rodillas acostumbradas a caer en los patios del colegio.
Entonces flotaba en el mar, que para mí era tan sólo agua, sal, algas, pececillos de colores.
No los ahogados.
No las pateras.
No la muerte fría.
África era sólo un horizonte que se asomaba en los días sin nubes.

Ahora estoy en el bando de los que saltan en pedazos mientras las madres tapan los ojos de sus niños. "No miréis. Eso es lo malo. Eso no es vida. Son raros. Son locos."
Pero lo raro es la limpieza. Lo raro es el pelo sedoso. El esfuerzo es la rectitud.
La vida son los dientes desordenados, la comisura de la boca llena de migas, gemir porque duele, y matarse, y morir. Morir sin un Dios en la boca. Ser sólo un muerto en el desierto.

Morir sin testigos.

Porque las madres les tapan los ojos a los niños.

No comments:

Post a Comment