Friday, 27 May 2016

1.
Mi abuela; pelo plateado, sangre del sur, desierto, la sal del mar incrustada en mis recuerdos.
Mi abuela enseñándome a no sorber la sopa, a colocarme la servilleta con olor a lavanda sobre el regazo, a regar las flores, a ser feliz,
y a coger el cuchillo con la mano derecha.
A cortar la carne, siempre, con la derecha.

2.
La vida ahora; miles de kilómetros después, oriente medio, perdida, inmigrante, beber la sopa a morro, aprender a cortar con la mano izquierda porque el Dios que dicta las normas en estas coordenadas lo desea así.

3.
Las flores aquí no necesitan ser regadas. Aquí todo fértil. Las manos se limpian con el polvo de la tierra, con el agua de los ríos.

4.
Mi vestido de novia es verde.
El precio de mi vientre son unas cuantas cabezas de ganado y un prado enorme, verde como mi falda, para que corran mis hijos.
También un cuchillito tallado, que escondo en la manga. Y un velo negro que me convierte en esta sombra de ojos grandes, observando desde lejos mi Andalucía perdida; mi niñez de hilos de plata e idioma dulce.

5.
Las mujeres me ofrecen leche de camella, dátiles y miel, para que la palidez desaparezca. Lo que ellas creen enfermedad es tan sólo raza, tan sólo invierno, tan sólo viento helado que me nieva la sangre, que me viste la piel de blanco para que no olvide quién soy, ni de dónde vengo.




1 comment:

  1. Los hilos de plata son indestructibles.
    Lo sé. Y tú también.

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