Monday, 30 May 2016

La cena se sirve después de la penúltima oración del día; Maghrib. Es justo entonces cuando los ángeles suben al cielo para contarle a Allah nuestro día, y los Jinn (seres que forman parte de la creación de Allah y que fueron creados del fuego; “Hemos creado al hombre de arcilla, de barro maleable. Y al genio lo creamos antes de fuego") se pasean por nuestro mundo, haciendo de las suyas. A los niños les asusta pensar en los Jinn y es mi tema favorito en la mesa. 

Cada miembro de la familia tiene su propia experiencia con estos seres. Ayer, Ali, dejó de comer. Se lavó las manos, llenas de grasa por el pilau y el naan que la madre había preparado, y se aclaró la garganta con agua. Que Ali deje de comer es el signo que antecede a una historia maravillosa. 

- Yo una vez hablé con un Jinn -comenzó. -Fue en un viaje a Sri Lanka, en el desierto. Estaba paseando y me encontré con un señor que me invitó a compartir su comida. Después de comer, quise hacerme un selfie con él, era un tipo amable, quizá tenía Facebook, no sé. Quería ese selfie. Cuando miré la foto, sólo salía yo, sonriente, con el brazo rodeando a la nada que debía ser el cuerpo de un hombre. Me cogí un avión de vuelta a Pakistán ese mismo día. Sri Lanka es un país plagado de Jinns.

- ¿Aún guardas la foto?- Quise saber.

-No.

La normalidad, cálida y segura, a veces muta en momentos de confusión en los que mi tierra se parte en dos y me encuentro suspendida en un limbo donde debo recurrir al artificio para aparentar calma. A veces llegan huéspedes y P me pide que me cubra con hiyab. Siempre añade coletillas como "si tú quieres",o  "si te encuentras a gusto". Yo siempre me cubro para transfigurar mi realidad un poco más, para tocar un límite nuevo, para ver qué pasa, que se siente. Pero me cubro mal. El flequillo siempre se sale y el hiyab siempre se me acaba resbalando sobre los hombros.

Otras veces discuten sobre el Corán y entonces pregunto con voz de sueño sobre sus opiniones sobre el castigo físico a la mujer.

La madre sonríe, se levanta, y coge un Corán enorme, me lo pone sobre las rodillas y me explica con dulzura que el castigo físico -leve- está permitido, pero que es mejor si se evita. 

Yo me callo. Yo me callo y guardo en secreto lo que opino. Los secretos son el mejor chaleco anti-balas, pero también el mejor cinturón-bomba. Nunca sé si mis secretos me salvarán la vida o me matarán, pero esa incertidumbre crea un vacío que voy llenando de misterios, de fórmulas, de nuevos modos de supervivencia.

Y sé que mi corazón desordenado, que mis ojos nublados, laten y ven, laten y ven, y eso es vida. Y esto es vida.













2 comments:

  1. El mutismo con el que callas a veces es la chispa con la que estallas tus textos, en palabras encendidas pero calmadas. No sé cómo puedes contenerte, no sé cómo puedes controlar el lenguaje para hablar de cosas que dan rabia e impotencia.

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  2. Eres feliz?
    Si eres feliz tu silencio no te matará (solo te garantizará la permanencia)...pero ¿lo eres?

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