Tuesday, 1 November 2016

Martes

No sé cómo expresarme aún -aquí- porque no acabo de encontrar un centro desde el que conversar. Trato de mantener cierta coherencia en esta tierra de viento, en la que olvido los cinco rezos, las cinco lenguas.

Pienso mis melancolías como se piensa a los muertos: con la cabeza helada y el estómago revuelto. A veces extiendo la alfombra de rezos de mi marido en medio de la habitación y me arrodillo en ella. Me recuerda a la alfombra mágica de las leyendas árabes. La suya no puede volar, pero le ayuda a hablar con Allah. Conmigo no funciona. He debido olvidar las palabras mágicas. He debido olvidar cómo pronunciar la súplica.

El Otoño no nos está siendo amable. En nuestro mundo no existe el caer de las hojas. Sólo el verano permanente. A veces la lluvia. Aquí en el norte nos volvemos conscientes de la raza, de la piel, de mi trenza rubia, de sus manos oscuras. Olvidamos a veces que el frío nos daña lo mismo.

Olvidamos que somos refugiados.

Anoche antes de dormir le dije: Nuestra historia es extraordinaria.

Soñé con Kenia. Soñé que habíamos vuelto.

No comments:

Post a Comment