Tuesday, 21 February 2017

1. Siempre que un niqab cruzaba el vestíbulo del hospital mi corazón se deshacía en euforia. Siempre pensaba que podrías ser tú. Me acercaba despacio y descubría puertas cerradas en ojos de mujer. Un día moriré de pena ante estas mujeres atónitas, pensaba. Jamás, ni un solo día, dejé de esperar que aparecieras cubierto con un velo para salvarme la vida.

2. Pero sólo era un juego. Un saltarse las normas. La salvación llegó a cara descubierta; no necesitabas esconderte. Me miraste a los ojos mientras paseábamos por aquella sarta de mentiras en la que se había convertido mi vida. Me hablaste de una realidad que consistía en compartir pedazos de pan caliente y una taza de té. Me enseñaste a comer de un mismo plato. Me mostraste que discutir no significaba herir. Y que amar carecía de artificios y de trucos. No decías el amor. Lo caminabas día a día. Lo callabas. Me lo ofrecías en tu silencio. 

3. Jamás podría pensar en un padre mejor para mi hija. Me has curado y me has enseñado a ser sola. Me has dado la felicidad sin ti. Y cada día elijo la vida contigo. La vida en el desierto. La vida sin futuro. La vida que no poseemos y que sin embargo llenamos de recuerdos. Esta vida en la que parece que no sucede nada, como en una de esas bobas historias de amor en las que al final todo tiene sentido, a pesar de todo. A pesar de que sigo aborreciendo los finales felices. 




No comments:

Post a Comment