Sunday, 12 February 2017

18

No reconozco mi cuerpo. No reconozco mi vientre, mis muslos, mi piel. No reconozco el dolor dulce en los huesos. A veces por las noches siento a Farah moverse y le pido perdón, de antemano, por todo lo que haré mal. Le digo: ahora estás a salvo, ahora la paz, ahora sólo el mar. Cuando pienso en el después me muero de miedo. Pienso en la malaria. En la vida swahili. Recuerdo a los niñitos ahogados en la costa y a sus madres derramando leche y pétalos de flores en la orilla para alimentar al dios del océano, para saciarle, para que no se tragara a más niños, a más hombres.

Cuando los miedos me impiden dormir N me mece en su paz. Recita versos en árabe y me acaricia el vientre. Supongo que él también se muere de miedo, y sin embargo se mantiene a flote, siempre, con sus manos extendidas hacia mí, siempre, sin apartar la mirada de mis estrías, de mis náuseas. Convirtiendo todo lo que yo veo feo en símbolos sagrados. Proveyéndome de un significado que no merezco. 

1 comment:

  1. No te librarás de ese miedo. Pero la duda es más noble que la certeza absoluta. Y será el amor quien responda. Quien os responda a N y a ti. El amor no se equivoca, aunque lo parezca. Tú serás (ya eres) otra tú para siempre. Sin punto de retorno. Tú te volverás recuerdo y presente.
    Y tu Siempre será Farah.



    (Esperando ese abrazo, por fin)

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