Wednesday, 15 February 2017

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Dios, no tengo nada en tu contra. Para mí eres tan solo (tanto) una suerte de energía cósmica, energía creadora. Para mí eres momentos de felicidad y de justicia. Mi bebé moviéndose en el vientre. El ladrido de un perro en la noche, la bondad, la muerte. Son aquellos que limitan el mundo en tu nombre, los que presumen de obediencia por seguir tres reglas bobas que al parecer tú declaraste, los que me hacen caer enferma.

Cuando alguien se escuda en el "es haram"o "es halal" para explicarte, te convierte en un Dios horrendo, feo como nosotros, te convierte en un dedo que juzga y dice no. Cuando la religión hace difícil el día a día no eres tú Dios, es el hombre y sus libros sagrados, es el hombre y su miedo, su pánico a pensar, su temor a esta libertad tan bella y jodida de estar vivos.

Vivo en cultura de hombres que han memorizado miles de prohibiciones y dicen que eso es la vida, que así debe ser. Yo me río. Y ese es mi rezo. Esa es mi ofrenda: la libertad de ser y tomar decisiones desde el conocimiento y la responsabilidad, no desde la regla impuesta. No desde el miedo.




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