Friday, 17 February 2017

Día 73 de la huelga de médicos en Kenia

"No tiene ningún sentido decirle a alguien algo que no entiende". Wittgenstein.


Es tan triste este mundo azul, tan bello, en el que todos gritan y nadie escucha. Tantas víctimas sufriendo las consecuencias de un puñado de hombres que airean su ego mientras los sabios callan. Todos quieren ser héroes.
Todos quieren reconocimiento.
Todos quieren ser escuchados.
Se amontonan en las calles, en los bares, en las redes sociales.
Dicen "yo pienso", "yo sé", "yo he visto".
Mientras tanto algunos pacientes mueren en hospitales abandonados en mitad del desierto,
porque los doctores andan discutiendo políticas y condiciones en frente de las cámaras.
Los jóvenes doctores quieren gloria. Malditos sean.
Los jóvenes doctores remiendan bolsillos y heridas a la vez. Se confunden, entonces, entre hemorragias y chelines. Malditos. Mil veces malditos.
Venden el alma de los enfermos por dos minutos de gloria. Devoran la verdad como bestias dejándola tiritando en los huesos.
Y no saben que la guerra que luchan ya está vendida.
Pertenece a una potencia mundial. Pertenece al lobo.
No son conscientes de una realidad tan simple, tan concreta, como que su revolución consiste en el no hacer más daño si no pueden salvar a nadie. El resto es barbarie. El resto es el asco.

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