Friday, 31 March 2017

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Desde que estoy creando vida me da pánico ser sincera. No soy capaz, por ejemplo, de afirmar que algunos días no soy feliz. En cambio digo "estoy cansada" o "duele". Me da miedo no estar a la altura, me da miedo perderme a mí misma, olvidar quién soy, por qué soy. Miro mi cuerpo y no me reconozco; aunque sepa que es la vida lo que me está pasando. Aunque me sepa mamífero.

Mi marido a veces dice que no tengo derecho a la queja. Despliega entonces un sinfín de tragedias que otras mujeres viven. Yo lo sé. Ya lo sé. Yo me callo. Nadie quiere enfrentarse a la tristeza, aunque sea real. Nadie quiere tocar la verdad, la verdad es jodida. La verdad es que estamos solos en el mundo. 

Sin embargo por las noches, en mi insomnio, siento a Farah revolotear en su mar, sin tener ni idea de lo que viene. Y entonces me muero por arreglarle el mundo, me muero por jurarle que a ella la vida no le dolerá, no le va a morder. Me duermo sabiendo que el amor es eso, ese miedo al dolor del otro. 

No sé dónde estaremos, en qué frontera, en qué lengua viviremos. Sólo sé que estamos tú y yo, Farah, y ese pensamiento dignifica toda la lucha, todo el miedo, todo el silencio que me estoy tragando y que te llega a través de mi sangre. 


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