Friday, 31 March 2017

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La primavera ha llegado con lluvias y frío a España. En Kenia la sequía se lo está comiendo todo: pastos,  ganado, mujeres, niños, la esperanza.

Mi hermano pequeño llenó una jarra con agua del grifo; después de comer tiró lo que no nos habíamos bebido. Mi marido le miró con angustia y, aunque no dijo nada supe que en su mente había una lista con nombres de familiares y amigos que en ese momento, a miles de kilómetros de distancia, rezaban por ese agua.

Su familia pasó la última semana sin electricidad y yo me quejé dos veces de la lentitud de Internet.

Las manos de mi marido se secan al ritmo de su tierra. Aunque esté lejos sus raíces siguen profundas en el desierto.

Y tú, Farah, te agitas con el sonido de los truenos; no con el de los coches, no con el ladrido de los perros, no con el jaleo de un viernes por la noche. Reconoces los truenos porque tu sangre celebra la lluvia. Por tu padre y tus ancestros. Por tu tierra. Tu desierto.











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