Saturday, 22 April 2017

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A veces me distraigo en los pequeños detalles, en la inocencia de vivir torpemente creyendo que somos dueños de estos minutos, de alguna que otra decisión, del pan, del estar vivos. Vivo en un mundo de contradicciones: Llevo años estudiando la poesía pre-islámica, tratando de demostrar que la religión es una manipulación de las fuentes, tratando de explicar que el Corán, como decía Abu Ishaq de Játiva en el siglo XIV, fue escrito para los analfabetos árabes de aquella época y así ha de ser leído: como un libro literario, bellísimo y terrible, desconcertante, poesía pura que trataba de imponer orden en el contexto caótico del desierto.
Sin embargo cada viernes mi marido acude a la mezquita y cuando dice que reza por mí yo sonrío. Sin embargo el primer baño de Farah será en agua con azafrán. Sin embargo la fe de mi marido para mí es sagrada. Me ha costado darme cuenta de que al final eso es lo importante: querer a alguien es dejarle ser sin dejar de ser uno mismo.

Él, para tolerar la vida cree.

Yo, para tolerar la vida escribo.

Al final todo se reduce a crear. A crear sentido, historias, vida. A crearte a ti, Farah, que eres más real que mis miedos, que toda contradicción.

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