Monday, 15 May 2017

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Billones de euros gastados en armas; la paz se pudre, la guerra es el negocio en este mundo impoluto. Somos espectadores de la herida, siempre la misma, a través de pantallas que convierten la sangre en salsa de tomate.

Y nosotros mientras siendo tan felices en una habitación europea.

Tratando de vivir olvidando que en unos meses estaremos de vuelta en el desierto, donde pañales y sudarios están hechos del mismo material.

Intentando no pensar en la leche refrigerada que dejaré para mi hija los días que pase en la frontera. En el malestar del estar lejos. En la culpabilidad anclada al útero. En la certeza, al mismo tiempo, de que la vida sigue, las guerras siguen, la gente sufre todavía a pesar de esta felicidad mía que son este bebé y su padre.

La guerra tan terrible. Pero tan ajena cuando mi día a día es una sucesión de cenas lentas, noches en él, días haciendo camino. Y un futuro creciéndome convirtiendo en insignificante todo el dolor, todo el miedo.


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