Thursday, 8 June 2017

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Nada está en orden.

El jardín es un caos; sin embargo las plantas encuentran el modo de crecer entre las bolsas de basura, entre los trozos de madera que hace años fueron parte de algún juguete, entre pedacitos de papel  donde escribí siendo niña sentimientos inabarcables: "me aburro tanto, amo tanto, tengo tanta hambre", etc.

Hay un columpio balanceándose, esperando la vida: un poco de viento o el peso de un niño. La naturaleza es sabia y desobediente, la naturaleza nos salva del tedio, del no. Tengo tanto miedo, a veces.

Mi cuerpo es un caos; sin embargo mi hija encuentra el modo de crecer entre las nauseas. Mi hija y su propio camino migratorio en un útero que una vez fue sólo un desierto de sangre mía y silencio. Mi hija nutriéndose de un cuerpo que una vez fue despojo adolescente, miedo a la muerte, atracones a medianoche y kilómetros de huida.

La naturaleza asaltando el invierno, el dolor como norma, las caderas ensanchándose preparándose para la estampida. Tengo tanto miedo, a veces.


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